Los sacerdotes de jesuitas de Tirúa: Juan Fuenzalida, David Soto y Carlos Bresciani

Desarticular prejuicios y estereotipos que la sociedad chilena atribuye a los mapuche son los principales propósitos del libro Mitos chilenos sobre el Pueblo Mapuche que la comunidad jesuita de Tirúa presentó en el Instituto de Estudios Indígenas e Interculturales de la Universidad de La Frontera.

La obra fue comentada por el historiador y premio nacional de Historia, Jorge Pinto Rodríguez; el alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur Ñancul y la directora del Instituto de Estudios Indígenas e Interculturales, Natalia Caniguan Velarde.

Los autores Carlos Bresciani, David Soto, Juan Fuenzalida y Nicolás Rojas escribieron 13 mitos basados en experiencias recogidas durante los años de permanencia en territorio mapuche.

“Es una manera de colaborar a nuevas relaciones, a poder entender por qué pasa lo que pasa y no quedarnos en la superficie de la contingencia”, detalla el sacerdote Carlos Bresciani, quien considera justo y necesario entender los conflictos en el Wallmapu para “no quedarnos en la superficie de la información que suele profundizar solamente en lo policial, lo judicial o en el exceso de eslogan panfletario”.

Reflexiones

El texto está dirigido al público chileno y aborda los imaginarios sociales- errados-  que se han instalado con relación al mundo mapuche en general y al movimiento mapuche en particular.

Carlos Bresciani actualmente es el superior de la misión que la Compañía de Jesús tiene en Tirúa.  El sacerdote reconoce que en su primera aproximación con la zona desmitificó elementos que “un santiaguino que vacaciona en el sur no advierte y son los graves atentados a los derechos de las personas y del pueblo mapuche”.

“Se ha ido desmoronando la imagen que históricamente nos han enseñado desde las escuelas: que Chile es un solo país, una sola cultura, una sola religión, construido monolíticamente, homogéneamente cultural.  Eso nosotros lo deconstruimos al escuchar hablar a los peñi, es decir, aquí hay otro país, otra religión (…)”, afirma.

Realidad

En conversación con El Informador, Bresciani explica que la Iglesia también es parte del problema que hoy por hoy enfrenta al Estado con el movimiento mapuche y ahí radica la importancia de tener presencia en el territorio para “sanar heridas sabiendo que yo no me voy a hacer cargo de lo que haga la Iglesia institucional, porque va más allá de mis competencias, pero de alguna forma uno tiene que cargar con esa historia, asumir esa culpa y proponer caminar juntos”.

Su reflexión también apunta a los mapuche que profesan el catolicismo: “Si una religión los aliena de su identidad no es religión.  Por lo tanto, si un peñi tiene que dejar su idioma, tiene que dejar de ir al guillatún, tiene que dejar de buscar la medicina con sus machis, kimche o con los genpin, eso significa que lo que le está haciendo la religión es aculturarlo, es decir, quitarles su raíz y ahí yo les diría, tomen distancia.  Pero si una religión les hace meterse más en su propia identidad, en su propia raíz y que eso les hace preguntas, bendito sea Dios”.

El jesuita interpela a los católicos en general a “algo muy del Padre Hurtado: que aprendamos a ponernos en el zapato del otro.  Nos cuesta mucho en esta sociedad ponernos en el zapato del otro porque en el fondo cada uno defiende su propia horma del zapato; ese esfuerzo hay que hacerlo con confianza, con el deseo de escuchar qué le pasa al otro, en vez de anteponer nuestra mirada prejuiciosa frente al otro”.

Mitos chilenos sobre el Pueblo Mapuche está disponible para descargar gratuitamente en el sitio territorioenconflicto.jesuitas.cl y pronto podría llegar en algunas librerías del país.

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