“Tengo 82 años y llevo un año en este lugar.  Antes de llegar aquí vivía sola en mi casa y me trajeron porque mis familiares no tenían tiempo para cuidarme”.

Es el testimonio de Fidelina Leal, una anciana procedente de Trovolhue, quien actualmente vive en la Residencia para Adultos Mayores (RAM) del Hogar de Cristo de Nueva Imperial.  Así como ella, otras 42 personas habitan el recinto inaugurado para ese fin el 2003.

Aunque el edificio de dos pisos, ubicado en calle Artemio Gutiérrez 197, surgió mucho antes, giró ese año su línea de acción y se transformó en un centro de larga estadía para los ancianos de la Costa y la región.

En ese hogar se entrecruzan múltiples historias de vidas que con el correr de los años terminan en el olvido.  Abandono, violencia y miseria podrían resumir parte de las nefastas vivencias del pasado de aquellos que nadie quiere atender, porque ya no son “útiles” al sistema; son los descartados de la sociedad.

Al ingresar a la residencia los adultos mayores asumen, consciente e inconscientemente, que la salida de aquel lugar será en un ataúd.  Sin embargo, durante el periodo de estadía tendrán todas las atenciones imposibles de obtener por sus propios u otros medios: acogida, contención, cuidados y cariño.

“Para la admisión de adultos mayores priorizamos los grados de vulneración de derechos y de personas que han estado en situación de abandono total y no cuentan con ninguna red de apoyo”, comenta Alexandra Inostroza Muñoz, directora de la residencia.

Una de las entradas más impactantes la protagonizó Edilia Castillo (82), quien vivía totalmente desamparada y sólo contaba con el apoyo de una vecina de 92 años.

“Ese caso fue súper chocante. Nosotros activamos las redes de apoyo con el Cesfam y pudimos hacer el ingreso de la señora Edilia.   La mayoría de los casos han sido de una vulneración súper grande de derechos, porque un adulto mayor no puede cuidar a otro.  Es algo que yo no concibo porque ellos tienen redes, muchos tienen sobrinos, familias, pero no quieren hacerse cargo de los cuidados”, puntualiza la trabajadora social”.

Hogar de Cristo

La residencia alberga a ancianos de toda la región, pero mayoritariamente de la Costa y es el único recinto del Hogar de Cristo destinado en La Araucanía para atender exclusivamente a ese público.

Por eso, reconocen que no pueden recibir a personas en situación de calle menores a 60 años o aquellas interesadas en buscar un refugio temporal.

“Mucha gente escucha ‘Hogar de Cristo’ y lo asocia a gente en situación de calle y nos vinculan con la hospedería que es el programa que se hace cargo de entregar atención para la gente en situación de calle, pero nosotros sólo recibimos adultos mayores de forma permanente.  Muchas veces la gente tiende a confundir las funciones del Hogar de Cristo, pero son programas distintos que se enfocan a públicos diferentes”, aclara la directora.

A la dirección del Hogar llega un enorme listado con solicitudes para incorporar a más adultos mayores, no obstante, sólo hay 43 cupos disponibles que pueden ser ocupados tras el fallecimiento de un habitante.

De todas maneras, esos 43 residentes, al acceder, obtienen todas las prestaciones necesarias para enfrentar la última etapa de la vida.  “No me hallo mucho, porque extraño mi casa, pero las auxiliares me tratan muy bien”, dice Fidelina, la trovolhuina que enfrentó dolorosos episodios de vulneración a sus derechos antes de llegar a su nueva morada.

José Sierra, es temuquense y recién cumplió 71 años.  Arribó al lugar, porque hasta hace dos años vivía en la calle y un accidente le impidió valerse por sí mismo.  Hoy está en mejores condiciones, pero aún está en proceso de recuperación.  “Tengo la consciencia buena, sólo me fallan las piernas; me falta caminar, pero hago ejercicios en las máquinas para solucionar eso”, señala.

Para garantizar el bienestar de todos ellos, es fundamental el rol que desempeñan los funcionarios, entre los cuales hay un equipo médico, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales.  Cada uno, desde su especialidad, se ocupa de responder a las necesidades de los adultos mayores.

Yoselyn Pincheira, técnico en enfermería, es una de ellas.  Destaca que para tratar con los ancianos es necesario tener un 20% de conocimientos técnicos y el resto es “puro corazón”.  “Es importante tener vocación, porque uno convive con distintas realidades; hay algunos que no son autovalentes y a diferencia de un hospital acá uno atiende a los pacientes hasta que mueren”, indica.

Algunos de los 43 adultos mayores de la Residencia están completamente desconectados de lo que ocurre en su entorno, en cambio, los más lúcidos saben lo importante que es para sus vidas tener un techo, comida y dignidad.   Sin ese hogar, heredado de la obra original del Padre Alberto Hurtado, el fin de los “descartados” sería mucho más cruel y doloroso.

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