De acuerdo al Ministerio de Salud, en Chile casi 90 mil personas padecen artritis reumatoide, una de las enfermedades inflamatorias articulares crónicas más conocidas en el mundo. Se caracteriza por causar inflamación y dolor en múltiples articulaciones de forma simultánea –pudiendo comprometer otros órganos del cuerpo-, siendo autoinmune y de origen desconocido.  Y si bien es una patología que aún no tiene cura, existen ciertos alimentos que podrían hacer más difícil convivir con ella.

 “Nuestro cuerpo funciona en base a reacciones químicas, muchas de ellas, generadas por los alimentos que consumimos. Si bien una enfermedad como ésta debe llevarse en base a un tratamiento farmacológico, simples cambios en la dieta podrían mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes que la padecen”, indica Paula Molina, químico farmacéutico de Farmacias Ahumada.

 La facultativa señala que es necesario que estos pacientes eliminen componentes que causen inflamación, privilegiando el consumo regular de fibras dietéticas, vegetales, frutas y algunos aceites. De hecho, un estudio aparecido en la revista Frontiers in Nutrition sustenta que pasar de una dieta omnívora a una mediterránea o vegana favorecería el combate de los síntomas de esta condición progresiva y paralizante.

 Uno de los productos no aconsejados para el consumo de estos pacientes son los lácteos gracias a la caseína, una proteína que se encuentra en la leche, el yogurt y las cremas, causando inflamación y dolores en las articulaciones. Por su parte, el huevo provocaría la agudización de los síntomas debido al ácido araquidónico (presente en la yema) al generar ciertos compuestos inflamatorios una vez que el cuerpo lo metaboliza.

 Asimismo, la eliminación de las carnes rojas reduciría el estrés oxidativo -que es la capacidad del cuerpo para contrarrestar sustancias químicas nocivas- y los químicos inflamatorios liberados por el sistema inmune llamados citoquinas. “De acuerdo a varios estudios, las personas que consumen mucha carne roja, tienen más probabilidades de padecer artritis reumatoide por ser alta en hierro, mineral que causa daño en los tejidos, hinchazón y dolores en el cuerpo”, recalca Molina.

 De igual manera, el gluten –contenido en el trigo, el centeno y sus derivados- no sólo afecta el sistema gastrointestinal en personas intolerantes a esta sustancia, sino que también empeoraría algunos síntomas de la artritis, por la inflamación que provoca en coyunturas.

 Otro de los alimentos que no se sugieren en estos casos es el choclo, elemento fundamental en la dieta de varios países americanos. “Al ser rico en ácidos grasos omega-6, pueden causar reacciones inflamatorias empeorando los dolores que la artritis provoca”, indica la farmacéutica. En este sentido, hace hincapié en la necesidad de alimentos ricos en omega-3, como el aceite de oliva o algunas semillas.

 Por último, y aún cuando son ricas en potasio, las papas contienen una toxina llamada solanina. “Existen estudios que indican que esta toxina provocaría inflamación en músculos y coyunturas, por lo que es necesario medir su consumo en este tipo de pacientes”, señala Molina.

 A través de estas modificaciones en la dieta, se podrían obtener mejoras sustantivas en la calidad de vida de estos pacientes. Sin ir más lejos, la Clínica Mayo indica que la dieta mediterránea a menudo resulta en la pérdida de peso, lo que también reduciría el estrés en las articulaciones mejorando los síntomas de esta enfermedad.  

 Si bien el tratamiento farmacológico es clave para frenar la progresión de artritis reumatoide, “apoyar el control de ésta a través de la alimentación no presentaría efectos secundarios dañinos y sería relativamente fácil de adoptar. No obstante, cualquier cambio en la dieta de estos pacientes siempre debe ser autorizada y supervisada por el médico especialista”,  finaliza Molina.

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