Por: Mariella Solari Puebla, Psicóloga Clínica
Hartmut Rosa nació en Alemania en el año 1965, es filósofo, sociólogo y politólogo, desarrolló la teoría de la “Resonancia” esta permite comprender que una de las grandes crisis contemporáneas no radica solo en el exceso de aceleración social, marcado por estrés y abuso de actividades, sino en la transformación del otro como objeto de aprovechamiento, atravesado por el consumismo y la lógica del rendimiento, de esta forma, las relaciones humanas comienzan a medirse por la utilidad, beneficio o gratificación inmediata. Esta forma de vinculación actual, expresada por Rosa, genera relaciones frágiles, intermitentes e inmensamente inseguras, produciendo en algunos, una subjetividad marcada por el temor a no ser suficientes, produciendo aislamiento, desvinculación, y dificultad para sostener dependencia emocional sana. En otros casos, estas inseguridades llevan a las personas a permanecer siempre disponibles, productivas o emocionalmente funcionales para no ser reemplazadas.
Hartmut Rosa diría que el problema no es la falta de conexiones, sino la ausencia de resonancia, es decir la carencia de una experiencia de vínculos vivos, donde el otro es capaz de afectar verdaderamente, donde se logra la transformación mutua. Clínicamente, se observa la ausencia de resonancia, en relaciones donde existe gran intensidad inicial, pero escasa capacidad de sostener conflictos, vulnerabilidad o profunda emocionalidad. La inmediatez reemplaza muchas veces la construcción gradual de la intimidad, se teme al compromiso, a la responsabilidad y a expresar los propios valores, que implica afectar al otro y ser realmente afectado por otro.
Desde la psicología se comprende que muchos sufrimientos actuales no tienen los síntomas clásicos de angustia o depresión, sino aparece una sensación persistente de desconexión vital, vínculos que no logran la intimidad emocional, conversaciones vacías, hiperconectividad digital acompañada de soledad profunda y una experiencia subjetiva de reemplazabilidad constante. Resulta fundamental comprender que gran parte del sufrimiento actual no solo están referidos a conflictos internos individuales, muchas veces el malestar aparece de contextos culturales donde las relaciones pierden estabilidad simbólica, donde el valor humano queda subordinado al rendimiento, a la imagen y al consumo.


