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miércoles, mayo 13, 2026
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Quienes pasan por la vida dejando huellas

Padre Fernando Provoste Hidalgo, párroco «San Miguel» Nueva Imperial.

Hola comunidad

Acabamos de celebrar el domingo el día de la madre, fue, sin duda, un día para agradecer. Hemos recibido tanto de nuestras madres: nos enseñaron a descubrir el mundo, nos enseñaron a ser amables, nos enseñaron a ser discretos realizando el bien. Nos enseñaron que la vida es un hermoso regalo de Dios.

Nos asiste la certeza de que hay  personas que pasan por la vida dejando recuerdos…
y hay otras que con ternura y generosidad dejan su  corazón entero sembrado dentro de nosotros. Así son las madres.

Madres que en demasiadas ocasiones aman en silencio. Aman cuando cuidan, cuando esperan, cuando corrigen, cuando animan y también cuando, en tantaocasiones, lloran en silencio y a escondidas para no preocupar a sus hijos.

Las manos de una madre tienen algo sagrado: saben secar lágrimas, levantar caídas y transmitir paz incluso cuando ellas mismas están cansadas.

Una madre puede no tener riquezas, pero posee algo inmenso: la capacidad de hacer sentir amado a alguien aun en los días más difíciles.

El amor generoso de una madre no suele hacer ruido. No necesita aplausos ni reconocimiento.
Es un amor sencillo, cotidiano, fiel…de esos amores que sostienen la vida entera.

También hay madres que  sufren: algunas por la enfermedad, otras por la distancia,
otras por la soledad, otras porque sus hijos han tomado caminos difíciles.

Y aun así siguen amando. Quizá allí está la grandeza de una madre:
en seguir entregando amor incluso cuando el corazón duele.

Espero que el domingo todos nos hayamos detenido un momento para agradecer, y que ojalá siempre tengamos el coraje de hacerlo. Agradecer por sus desvelos,
por sus oraciones silenciosas, por sus abrazos, por sus sacrificios ocultos, y por esa manera única de hacernos sentir hogar.

Y quienes ya no tenemos la dicha de tener a la  madre a nuestro lado, podamos descubrir  la riqueza de que el verdadero que nos prodigaron amor nunca desaparece del todo.

En el Día de la Madre no solo celebramos a una persona importante en la familia; celebramos una vocación profundamente humana y hermosa: la capacidad de amar sin esperar recompensa.

Tal vez nunca lograremos devolver todo lo que una madre entrega. Pero siempre podremos regalarle algo invaluable: amor sincero, gratitud, tiempo, y un corazón que nunca olvide cuánto fue amado.

Gracias por creer en nosotros incluso cuando nosotros mismos dudábamos. Gracias por cada abrazo que calmó el miedo, por cada oración hecha en silencio y por cada lágrima escondida para no hacernos sufrir.

Que María de Nazaret, mujer sencilla y madre llena de ternura, bendiga a todas las madres del mundo y les regale paz, fortaleza y alegría.

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