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martes, abril 21, 2026
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El sencillo valor de la amistad

Por: Padre Fernando Provoste Hidalgo, Cura párroco «San Miguel» Nueva Imperial.

Hola comunidad

Ante tanta violencia desatada, que bien nos hace re-descubrir el hermoso valor de la amistad, «Amigo es aquel que sabe todo de ti y sin embargo te acepta» esta vieja frase de San Agustín resume el valor inmenso de la amistad. «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo» . Sin duda que Jesús eleva el don de la amistad a un nivel muy alto.

El sencillo valor de la amistad no necesita grandes discursos para ser comprendido, porque se revela en lo cotidiano: en una conversación sincera, en un gesto de apoyo, en el silencio compartido que no incomoda.

La amistad verdadera no se mide por la cantidad de palabras, sino por la presencia fiel. Es ese amigo que está cuando todo va bien, pero sobre todo cuando la vida pesa. No busca protagonismo ni recompensa; simplemente permanece.

En un mundo donde muchas relaciones son rápidas y superficiales, la amistad auténtica es un tesoro discreto. Se construye con tiempo, confianza y verdad. Implica aceptar al otro tal como es, con sus luces y sombras, y aun así elegir caminar juntos.

La amistad también tiene un valor profundamente humano y espiritual. Nos enseña a salir de nosotros mismos, a escuchar, a perdonar, a alegrarnos con el bien del otro. En ese sentido, no solo nos acompaña: nos transforma.

Y quizás lo más hermoso: la amistad no se impone, se regala… y cuando es verdadera, se convierte en uno de los mayores dones que podemos vivir.

En la mirada cristiana, esto tiene un sentido aún más profundo: en cada persona habita una dignidad infinita. Acercarse al otro es, de algún modo, acercarse a Dios mismo.

Por eso, aunque parezca que el hombre se ha alejado del hombre, siempre queda abierta la posibilidad de volver: un gesto, una palabra, una presencia pueden acortar distancias enormes.

Porque, en el fondo, el corazón humano sigue buscando lo mismo de siempre: ser reconocido, amado y acompañado.

El arte de conservar amigos no tiene fórmulas complicadas, pero sí exige algo que hoy escasea: cuidado constante del vínculo. Hacer amigos puede ser fácil; mantenerlos en el tiempo es una obra paciente, casi artesanal

Conservar una amistad comienza por lo más simple: no darla por segura. Las relaciones se marchitan cuando se descuidan. Un mensaje, una llamada, una visita oportuna… pequeños gestos sostienen grandes afectos.

También requiere verdad. El amigo verdadero no es el que siempre dice lo que agrada, sino el que, con cariño, se atreve a decir lo que ayuda. La sinceridad, cuando nace del amor, fortalece en lugar de romper.

Otro elemento clave es el perdón. No hay amistad sin heridas, porque no hay seres humanos perfectos. Saber pedir perdón y saber otorgarlo es lo que permite que la amistad no se quiebre ante las primeras dificultades.

En el fondo, el arte de conservar amigos es aprender a amar sin condiciones, con paciencia y fidelidad. Es  descubrir que en la vida con buenos amigos se llega muy lejos.
Si tienes amigos te invito a conservarlos, si no los tienes te invito a buscarlos.

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