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lunes, diciembre 5, 2022
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Padres zombis: la realidad de una parte de la sociedad que ha sido desplazada hacia el cuarto más hostil del sistema: los hijos

Por: Matías Vidal Huichal

La velocidad del sistema sigue ocultando varios efectos que han marcado la crisis de muchas partes de la sociedad, las causas son aparentemente lisas, suaves, no tienen negatividad, pues si de una cosa se ha encargado el sistema es de disfrazar las causas con trajes sin arrugas, sin «no me gusta» es decir sin ni una pizca de negatividad, sin embargo, los efectos no han sido motivo de incomodidad, pues ¿por qué incomodarse ante un sistema en el cual todas las causas son aparentemente positivas?.

La positividad como la describe Byung-Chul Han es un concepto que en la praxis se caracteriza por no tener oposición activa, es decir, no tiene resistencia, es lisa y llana tal como una pared sin ranuras, algo así como las paredes de un edificio, una cara sin «imperfecciones»  o un vestido sin arrugas, en otras palabras es la falta de negatividad, y cobra mucho sentido la cuestión cuando nos detenemos a analizar los efectos en la sociedad actual, pues el imperativo es: ver una sociedad cada día más apolítica (de ahí el boom del partido de los piratas), subir un post del atuendo y la combinación cartera/zapatos, postear una sonrisa para comenzar el día, en fin la carencia de negatividad en expresiones nunca antes vistas. En una ocasión en la clase de religión conversábamos con los estudiantes sobre qué cosas les gustaría cambiar y una de las respuestas que más se repetía era: «que cuando llegue a la casa mi mamá deje el celular a un lado», y es preciso que naturalmente los niños sin intervención de artefactos digitales vean en sus padres una imagen de seguridad y confianza, pero es una confianza genuina que no tiene un chat de por medio ni mucho menos un emoji, sino, un mirarse a los ojos, ver los gestos vivos de una madre, la reacción natural frente a algún secreto, el cambio de tono cuando se trata de cuidarse del peligro: ellos –los niños- están esperando que se viva junto a ellos y para ellos, no son coincidencia los rasgos de inocencia que les asigna el creador, pues estos son para ser protegidos y amados. Bajo el imperativo de la sociedad actual hay un claro ganador frente a estas dos ideas, lamentablemente es una fracción importante de la sociedad que sufre los cambios impuestos, es un hecho que a día de hoy es más normal ver a una madre enviarle un emoji de corazón al hijo que decirle: te amo mirándole a los ojos, pues lo llano del medio asegura que el mensaje quede latente, sin saber que eso es precisamente lo que cambia la percepción del amor y de los futuros vínculos del niño.

El trabajo nos aleja de los hijos y nietos, nos acerca a nuestros colegas y ellos se acercan a sus pares y educadores, es el mismísimo trabajo que en principio nos obliga a vivir una distancia antinatura frente a nuestros hijos, sin embargo, no es sensato llegar del trabajo o del quehacer cotidiano a convivir sólo con el cuerpo y no con el alma, pues es esto último es lo que propicia el habitar junto a los seres amados, habitar significa originariamente «estar satisfecho (en paz); llevado a la paz, Permanecer en ella». ¿Qué es lo que nos emociona tanto allí en el Smartphone?- es una sociedad de la transparencia, y de la exposición donde todo se mide por su valor expositivo, todo puede y debe ser pensado en exposición y transparencia, en un sentido peyorativo. Las redes sociales y todos los medios digitales están personalizados para que al estar ahí no exista un afuera (Hijos, nietos; etc.), allí es precisamente el lugar donde nos encontramos solos a nosotros mismos y a quienes se nos parecen, (de ahí que muchos autores aseguran que la actualidad prevalece el «infierno narcisista»)  es un lugar sin riesgos de negatividad, pues a nadie le sorprendió cuando la empresa del sr. Zuckerberg anuncia que el mundo virtual será el medio por el cual los seres humanos se relacionarán en mayores proporciones de aquí a unos años más. Nuestros pequeños no deben sufrir el exceso de positividad que impera en los medios digitales, ellos necesitan conversaciones de las cuales aprender y enseñar, una fotografía o un video si traen una convergencia de tiempo y espacio determinado: pero sin alma, eso es lo que no debe faltarnos, mirar a los ojos a nuestros retoños, oírles, aprender, sacarnos el delantal con el que nos viste la academia, la política, la religiosidad, la erudición. Es necesario que seamos agentes de cambio para que el espíritu de las futuras generaciones no sea extraído por una sociedad llena de positivismo, que conozcan el diálogo y su negatividad inherente (el peligro de cambiar de opinión), que esta sociedad no se condene a vivir sin alma. Es suficiente la lejanía obligada de la sociedad como para estar conviviendo sin habitar (con el alma) con nuestros seres amados

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