Apenas comenzamos a hacer la narración de un profesor jubilado, nos damos cuenta de que hay abundante material debido a la expectativa de los lectores de este medio y con toda razón, pues hablar de un docente nos seduce, ya que es una actividad hermosa en su esencia.

El eximio profesor, Alfonso Darío Leal Leal, nos relató parte de su historia y experiencia, la que trataremos de ilustrar de la manera más simple.

Nació el 5 de julio del año 1951 y está casado con Sofía Ramírez Cortés con quien tiene cuatro hijos: Jorge Darío, funcionario de Gendarmería; Alfonso Alejandro, maestro en estructuras metálica; César Andrés, subcomisario de Investigaciones y estudiante de derecho y Pamela del Pilar, educadora diferencial.

El profesor Leal egresó de la Escuela Normal de Victoria el año 1971.

Inicia su actividad docente en la Escuela número 34 de Oñoico, comuna de Puerto Saavedra. A partir de esa fecha comienza su recorrido por varias escuelas ubicadas en localidades como Podenco, Chinoscúe, Entre Ríos, El Peral, Puelche y finalmente Hualacura.

Luego de años de labor docente decidió poner punto final a su actividad académica en las aulas. Es ahí cuando sufrió un accidente vascular que lo dejó con una incapacidad física del 75% de su cuerpo. Sin embargo, a pesar su dificultad de desplazamiento, pérdida de motricidad y expresión oral, mantiene un espíritu optimista y afirma sentirse bien.

Guarda innumerables recuerdos obtenidos en los lugares donde ejerció; anécdotas por doquier. No olvida al colega Bernardo Collío, con quien tiene más de alguna experiencia que prefiere no revelar. Mantiene vivos los viajes a caballo, en bicicleta o a pie que debía realizar por largos kilómetros, sorteando las inclemencias del clima que a pesar de la lluvia, frío y barro mantenían su espíritu de maestro inquebrantable.

Alfonso sostiene que el profesor unidocente de los sectores rurales se transformaba muchas veces en director, profesor, auxiliar, paramédico, cocinero y juez, en algunos casos más extremos. 

El profesor Leal asegura que antes se mantenía el respeto, la disciplina, orden y la obediencia. A pesar de que el trabajo se realizaba muchas veces con menos recursos, los resultados logrados eran buenos, ya que se trataba de “aprender haciendo”, integrando a todos los estudiantes a los procesos de enseñanza, ejemplificando y siempre buscando llegar al fondo de los contenidos.

Admite sentirse muy identificado con lo expresado en el primer capítulo por la colega Beatriz Ramírez quien hizo referencia a la buena convivencia existente en las comunidades donde ejerció, la integración de los docentes en las costumbres, cultura y tradiciones del pueblo mapuche que se viven en las zonas rurales.

Actualmente este ex profesor, se ha dado tiempo para la práctica deportiva y el folklor. Sin embargo, estas actividades también lo transportan a épocas pasadas, tiempos de las competencias en los juegos rurales y competencias folklóricas a nivel de enseñanza básica. Aquí le fue muy bien dice, porque junto al profesor Oscar Rebolledo, lograron obtener campeones comunales y regionales de cueca.

Reconoce que mantiene gran cariño por sus ex colegas profesores, su profesión y de manera muy especial a sus alumnos con quienes recorrió gran parte de su vida en momentos que quedarán atesorados por siempre.

Por: Luis Mulato Arias.

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