Por: Germán Silva Cuadra

Alejandro Toledo llevaba pocos meses como mandatario del Perú, cuando se realizó la primera elección de presidentes regionales –hoy gobernadores–. Y el golpe fue fuerte. De un total de 25 cargos, el partido que sustentaba a Toledo, Perú Posible, apenas alcanzó dos. De ahí en adelante todo fue cuesta arriba, llegando el presidente del país vecino a obtener un 4% de respaldo ciudadano. La anécdota no es menor si consideramos que es muy probable que, de los(as) 16 gobernadores(as) que tendrá nuestro país, Chile Vamos alcance uno o dos escaños, sin descartar que no obtenga ninguno, de acuerdo a los resultados del 15 y 16 de mayo.

Lo cierto es que la paliza obtenida por el oficialismo y los partidos más tradicionales de la ex Nueva Mayoría en el caso de los comicios de convencionales constituyentes, le restó protagonismo y lucimiento a una elección tan trascendente como histórica. Por primera vez en Chile tendremos a la cabeza de las regiones a personas elegidas por voto popular, reemplazando a los actuales intendentes, hoy designados por la autoridad central. Esto tendrá impacto directo en el tablero político en todo el país, instalando liderazgos locales, lo que incluso obligará a los parlamentarios –muchos de ellos “santiaguinos” designados a dedo– a alinearse con los(as) gobernadores(as), si es que quieren mantener sus cupos. 

Los(as) nuevos(as) gobernadores(as) presidirán el Consejo Regional y ejercerán funciones y atribuciones en coordinación con los demás organismos y servicios públicos, y entre algunas cosas nombrarán y removerán a los funcionarios, administrarán los bienes nacionales de uso público, propondrán al señalado Consejo Regional los proyectos de reglamentos regionales y formularán políticas de desarrollo de la región. Y, en una figura muy curiosa, el Presidente(a) de la República será representado(a) en cada Región por un(a) delegado(a) presidencial. Pese a que el reglamento con que ejercerán se aprobó a última hora, quedaron muchas dudas y vacíos, tanto del nuevo rol como de las atribuciones de este(a) “delegado(a)”. De seguro, los choques entre estas dos autoridades partirán de inmediato.

Más allá de las dudas que deja el nuevo cargo, esto implicará un avance en materia de regionalización, pese a que aún sus atribuciones serán limitadas. Pero de todas maneras los(as) gobernadores(as) traerán nuevos vientos a una política hasta ahora capturada por la elite central. La nueva autoridad ya no será un simple depositario de La Moneda, sino que tendrá la suficiente autonomía como para privilegiar y luchar por ciertos temas de interés para la región y tendrá que “pelearlos” tanto con el Ejecutivo como con el Legislativo. Para qué decir a la hora de conseguir recursos.

Y a los parlamentarios les saldrá competencia, porque es muy probable que de los(as) gobernadores(as) surjan liderazgos que tomen vuelo nacional, impidiéndoles a los partidos nombrar candidatos a su antojo. Qué mejor ejemplo que el de los Van Rysselberghe, que se están “repartiendo” la Región del Biobío para los cupos senatoriales. Además, los(as) gobernadores(as) pasarán a ser serios(as) candidatos(as) para las presidenciales. Mal que mal, dirigirán territorios a escalas en que se repetirán los mismos conflictos nacionales, incluyendo la opción de ser opositores a un Gobierno, lo que los pondrá en la primera línea.

Si la derrota del oficialismo de los días 15 y 16 de mayo fue dramática a nivel de constituyentes y en algunos municipios emblemáticos, como Santiago o Viña del Mar, en gobernadores fue desastrosa. Tres de los 16 fueron elegidos de inmediato al obtener más del 40% de los votos. Estos son de oposición y uno de ellos, Rodrigo Mundaca, en Valparaíso, rompió toda lógica política, al ser un dirigente local que venía luchando por años en el tema clave de la región: el agua. 

Solo en nueve de las trece regiones en que habrá segunda vuelta el fin de semana que viene, se repetirá la lógica de los bloques tradicionales que se enfrentaron por treinta años, al más estilo “demócratas y republicanos”. Es decir, el oficialismo podría acceder –teóricamente– a poco más de la mitad de los cupos. Sin embargo, la realidad hace proyectar que, en los casos en que se enfrenten oficialismo y oposición, por tanto, considerando la baja adhesión al Gobierno y su paupérrima votación, Chile Vamos podría perder en esas nueve regiones. El foco, entonces, estará también en la disputa entre fuerzas opositoras que se dará en cuatro regiones.

Hay que poner atención en algunas regiones emblemáticas. En Antofagasta, en el enfrentamiento Díaz y Díaz, en que chocarán un exintendente oficialista con un dirigente ambientalista que casi gana en primera vuelta. O en Arica y Parinacota, donde se medirán el UDI Enrique Lee con el DC Jorge Díaz. Ambos estuvieron bastante cercanos en la primera vuelta, por lo que veremos –al igual que en todo el país– si el mundo PC-Frente Amplio decide abstenerse y con eso dar el triunfo al gremialista o, bien, concurren a votar por lo que ellos consideran un “mal menor”. Y, claro, en La Araucanía, nicho histórico de la derecha, si el PPD Eugenio Tuma logra imponerse, será un duro castigo a La Moneda por la promesa incumplida, hecha en la campaña de 2017, donde aseguraron que devolverían la paz en la zona. Y, por supuesto, también encenderá las alarmas de los parlamentarios que van a la reelección.

A partir del 14 de junio tendremos los(as) gobernadores(as) que encabezarán este nuevo ciclo político en que el oficialismo tendrá minoría en todos los niveles: Congreso, constituyentes, alcaldes y gobernadores. Pero tampoco es que la oposición tenga despejado el camino. Aunque la dupla Frente Amplio-PC parece estar más ordenada que la ex Nueva Mayoría, la irrupción de independientes y actores como La Lista del Pueblo, pondrán mucha presión para que el tablero se estructure de una manera muy distinta a los treinta años precedentes, esa larga época de la cocina secreta, el centralismo de los partidos y la falta de participación real de los liderazgos regionales. 

A contar del 14 de junio también entraremos de lleno en la campaña presidencial. Por supuesto que será crucial si sale electo Claudio Orrego o Karina Oliva en la Región Metropolitana. En caso de ganar Orrego, le dará un nuevo aire a la poco glamorosa oposición, que viene haciendo más o menos lo mismo durante tres décadas, aunque de Apruebo Dignidad dirán que lo que se impuso fue el partido del orden sumado a la derecha, cuyos personajes más extremos le están haciendo un flaco favor a Orrego. De ganar Oliva, la opción de la izquierda menos tradicional se afianzará aún más, y el gran derrotado será el PS, por haber intentado un travestismo muy poco elegante. Y, claro, esto podría afectar la campaña de Paula Narváez.

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