Por: P. Fernando Provoste Hidalgo, Párroco de San Miguel Arcángel de Nueva Imperial
¡Hola Comunidad!
Hoy quiero compartir con ustedes una inspiradora historia. Hace unos 800 años, en septiembre de 1219, San Francisco de Asís emprendió un viaje como peregrino y testigo de la paz hacia Damieta, en Egipto. Allí se reunió con el sultán ayubí Malik al-Kamil. A pesar del contexto bélica reinante, Francisco decidió cruzar las fronteras de la guerra, guiado por una inspiración divina que lo hizo creer en la posibilidad de un encuentro amistoso con todas las criaturas. En medio de la contienda, Francisco buscaba la paz y la conversión, y así se presentó ante el sultán, predicando un mensaje de amor y fraternidad. Este encuentro simboliza su deseo de abrazar a todos, firme en su identidad, promoviendo la paz en lugar de divisiones. A pesar de los grandes riesgos que enfrentaba, Francisco se acercó con una actitud fraternal, transmitiendo la esencia de que Dios es amor. Su lealtad al Señor se manifestaba en su amor hacia todos, incluso hacia quienes no compartían su fe. El sultán, en lugar de condenarlo, lo escuchó con admiración y curiosidad, lo que le permitió regresar sano y salvo al campamento cristiano.
El mensaje de amor, unión y fraternidad que llevó a Francisco a dialogar con el sultán sigue siendo tan relevante hoy como entonces. El diálogo implica salir al encuentro del otro sin prejuicios, llevando en el corazón la paz, reconociendo siempre que ante todo estamos tratando con una persona, más allá de sus creencias.
Inspirado en la vida de Francisco, en 2020, el Papa Francisco escribió la encíclica Fratelli Tutti, un recordatorio de las palabras con las que San Francisco se dirigía a su comunidad de hermanos, invitándolos a vivir bajo el Evangelio de Jesús. En esta encíclica, el Papa nos recuerda que “Francisco no libró una guerra de palabras para imponer doctrinas; simplemente difundió el amor de Dios. Comprendió que ‘Dios es amor, y quienes permanecen en el amor permanecen en Dios’ (1 Juan 4:16).”
Fratelli Tutti nos invita a reexaminar nuestro compromiso con la unión, la fraternidad y la libertad. En tiempos donde las divisiones y los retos parecen prevalecer, es fundamental recordar que todos formamos parte de una misma familia humana, llamada a vivir en solidaridad y amor. Nuestra dignidad proviene de ser hijos e hijas de Dios, y debemos construir puentes en lugar de muros.
En nuestras comunidades, es vital esforzarnos por fomentar la inclusión y el respeto, reconociendo la diversidad como un don que enriquece nuestro tejido social. La fraternidad no es solo un sentimiento; es una acción concreta. Nos llama a salir al encuentro del otro, ofrecer ayuda a quienes la necesitan y construir relaciones basadas en la confianza y el entendimiento. Esto es especialmente relevante en nuestro entorno parroquial, donde cada uno de nosotros tiene un rol crucial en el fortalecimiento de nuestros lazos comunitarios.
La libertad, a su vez, no es simplemente la ausencia de opresión, sino la capacidad de elegir el bien y actuar con responsabilidad. Somos verdaderamente libres cuando nuestras decisiones están guiadas por el amor y la justicia, promoviendo la paz en nuestros hogares y en la sociedad.
Como comunidad parroquial, los invito a reflexionar sobre estos temas y a trabajar juntos en iniciativas que fomenten la unión y la fraternidad. Sea en sus familias, trabajos, servicios comunitarios, grupos de apoyo y/o pequeños actos de amabilidad, cada esfuerzo cuenta y contribuye.
Unidos en la fraternidad, construyamos un mundo en el que todos podamos vivir en paz y dignidad.
Con afecto y esperanza,


