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miércoles, febrero 1, 2023
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El preámbulo del fin

Por: Matías Vidal Huichal

Estamos en el tiempo de la sociedad polarizada en todo orden de cosas, pues, últimamente se han quitado la máscara los que eran de izquierda cosa con la que no estamos muy familiarizados en política, quienes daban una imagen conservadora y en primera instancia de oposición al actual gobierno, muestran una nobleza nacida en no sé dónde. Es que pareciera que cuando la crisis moral, económica, política, y espiritual azotan a la sociedad salen a flote los verdaderos rostros.

 La vida ha perdido ese aroma a libertad y paz, vemos a un presidente dando gestos de poca conexión con el pueblo (cuestión que ya hemos tratado), niveles de delincuencia en pueblos pequeños como nunca antes vistos, delitos que no eran propios de la idiosincrasia chilena, pues, ya no hablamos de un portonazo, ahora se habla del secuestro, tráfico de órganos y no nombraré más para no causar conmoción. La academia dando señales de una inmoralidad jamás vista, la universidad a la que aspiran todos los provincianos, se destaca por sus expresiones de libertinaje, y me refiero al caso de la tesis pro pedofilia (La edición 26-12-22, diario bio-bio); según el banco mundial, en el año 2023 solo Chile y Haití no presentarán crecimiento económico (Pauta.cl, sección economía); no se podrá estirar el billete como en otros tiempos, la iglesia en general se cae a pedazos por los lideres inmorales, niveles de consumo de drogas que doblan los años anteriores, y si estas no son expresiones de una calidad de vida en decadencia, entonces ¿cuáles son las señales que estamos esperando?, todas estas cuestiones naturalmente generan polarización, pues, se trata de una parte de la historia en la que cada individuo debe escoger dónde se para.

Ha habido crisis políticas muy fuertes en la historia de la humanidad, muchas terminaron en guerras, intereses económicos por parte de las potencias han sido la causa de la muerte de millones de inocentes, la polarización siempre ha sido el efecto de una defensa férrea de lo que algunos consideran «mejor», pero jamás se vio en el mundo una polarización tan generalizada.

Pareciera que se acerca el fin de todas las cosas, es una polarización jamás antes vista, es que ya no es un golpe de estado, ni se trata de un cambio de paradigma social, es el excesivo desgaste natural, el no respeto por la pacha mama, los valores distorsionados, el preámbulo perfecto para el fin de un ciclo, no me atrevo a decir que ciclo pero, hay algunas apreciaciones antiguas sobre este tema, por ahí un libro muy antiguo que relaciona el fin del mundo con una sociedad polarizada, les aconseja a los justos que sigan siendo justos, a  los que son inmundos que sigan siendo inmundos, y al que es santo que siga por la senda de la santidad, es decir, una etapa en la que no hay margen para términos medios, quiere decir que los conservadores sigan en su «terquedad», que los anticuados sigan viviendo en el año 70, que los que siguen a Jesucristo no desvíen su mirada, que los ambiciosos sigan acumulando riquezas, que los cristianos a medias decidan si libertinaje o libertad. Una civilización tan acostumbrada y entregada a la ciencia, tan entregada al descubrimiento de seres vivos, de nuevos patrones físicos y químicos, pero en las últimas décadas, se ha desentendido de los cromosomas, de la base de la antigua sociedad, de la natura misma, cuando la ideología pasa sobre la biología entonces negamos nuestra existencia y todo lo que nos rodea, cuando ocurren estas cosas el mundo no puede esperar una cosa distinta a un fin de ciclo. No es pesimismo, ni exageración, es detener la marcha, quitarnos los guantes y ver el barco en el que vamos, mirar el timón, el oleaje y todo lo que le rodea, pensar en que algunos gritan: ¡Maestro, nuestra barca se hunde, ayuda! Y otros afanados sudando en el afán de la vida sin siquiera levantar la cabeza. Ya no se trata solo de Carahue, ni Imperial, ni un lugar determinado, son todos los reinos de la tierra, no en vano alguno dijo: «El mundo entero está bajo el maligno». Desde el día en que hablar de espíritu y alma se volvió una estupidez, entonces el ser se condenó a perder el soplo que llenaba de paz su vida. Se hace tarde, ya oscurece, pero aun el día no acaba, no dejemos la reflexión para nuestros últimos días de vida, pues, esto significa que de nada sirvieron. 

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