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miércoles, febrero 1, 2023
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A Pesar de Todo

       Por: Emilio Orive Plana   Crítico opinante

       En la salida de su madriguera la ratona olfateó el aire tibio que venía del basural,  dio media vuelta y se metió nuevamente a la cueva para aparecer cinco segundos después con sus cuatro crías arrancando a perderse y así alejarse del fuego que avanzaba velozmente por el fondo de la quebrada, en un remolino incandescente arrasando con matorrales y desechos resecos, empujado por el fuerte viento marino que, en definitiva, es el que aporta con el oxígeno necesario, además del calor veraniego, para que se inicie un incendio, siempre que estén los tres elementos esenciales: Calor, combustible y oxígeno por lo que faltando cualquiera de ellos es imposible que pueda producirse el fuego, por eso basta la chispa de un cigarrillo mal apagado o bien la intencionalidad motivada por alguna razón no muy santa para que haya una hoguera que destruya cientos de casas como se ha visto en casi todos los veranos.

     Las quebradas de las grandes ciudades costinas, tienen un raro parecido a trincheras de países en guerra, más que nada porque discriminan y separan a las personas que, eventualmente, están obligadas a estar allí la mayoría de las veces en contra de su voluntad.

 Las decenas de cerros en el caso de Valparaíso y Viña del mar, que rodean la mínima lonja de terreno plano frente al océano se ven atiborrados de casas sin orden ni concierto que más parecen mosaicos de colores y del punto de vista urbanístico dejan bastante que desear.

     Parte de la planicie y un par de cerros son exclusivos y en ellos habita la gente más acomodada. El pobrerío de la pomposamente llamada Ciudad jardín, vive en los cerros más alejados del centro donde las viviendas construidas fuera de toda normativa sumado a los campamentos en proceso eterno de regularización y las tomas derechamente ilegales, son noticia solo cuando se produce algún hecho que acapara la atención de las autoridades que ven en ello la oportunidad de prometer y en algunas ocasiones regalar casitas a los desposeídos que no tienen más remedio que recurrir a la ilegalidad para tener donde vivir. La suspicacia me lleva a pensar en la intencionalidad de los mega incendios como mecanismo desesperado para lograr la tan ansiada legalidad.

      Los incendios de carácter espontáneo no existen sin un motivo que los origine, no obstante hay reportes que hablan de unos 200 casos, sin comprobar, a lo largo de la historia en que, supuestamente se habría producido combustión espontánea en cuerpos humanos, pero nunca en materia inanimada ya sea de algún basural, en descampado o plantaciones de eucaliptos y pinos.

     A pesar de todo, la naturaleza siempre nos sorprende, restañando sola sus heridas provocadas por la intervención del hombre que intenta por todos los medios destruirla

   En los años que serví de bombero voluntario, me tocó ver incendios arrasando con lo que alguna vez fueron praderas fértiles y montaña virgen milenaria, reduciendo a cenizas lo que eran pastizales naturales y arbustos, quedando en pie solo algunos troncos de árboles muertos que, como por arte de magia y al cabo de un par de años, empiezan de nuevo a vestirse de líquenes y esporas esparcidas por el viento que contienen el material genético para restaurar y hasta para crear microscópicos helechos y el musgo sanador de las llagas causadas por fuego.

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