El Café Literario Juvencio Ovalle de Nueva Imperial sirvió como escenario para desplegar una extensa conversación con el lingüista Omer Silva Villena (73), quien ha dedicado 43 años de su vida a la docencia en establecimientos de enseñanza media y en universidades del sur de Chile.

Aunque jubiló, Silva aclara que esa condición no implica que está retirado de los quehaceres intelectuales y desde su actual posición continúa aportando en el campo disciplinario de la lingüística

El académico nació en el barrio de Coilaco en agosto de 1945 “en tiempos en que parecía que el mundo se iba a acabar”, comenta sobre la coincidencia de su nacimiento con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Pese a que mantiene excelentes recuerdos de su querida Nueva Imperial, hoy no vive en la ciudad, porque las razones académicas y familiares lo establecieron en Valdivia.

– ¿Qué recuerdos mantiene de Nueva Imperial?

Tengo recuerdos muy sentidos, por eso siempre vuelvo y siempre voy a volver (…)  Nací en el barrio de Coilaco en el número 849 de ese tiempo, hoy esa casa está vendida, pero ahí están todos los recuerdos, las vivencias de mi madre, de mi papá (se emociona) y mi medio hermano, el amor por la tierra, el amor hacia el campo, por eso creo que siempre voy a volver a Imperial.

– ¿Cómo forjó su vocación académica?

La educación la cursé en el colegio de mi barrio, ahí aprendí a leer y escribir, después fui a la Escuela 1 a la enseñanza primaria. Posteriormente ingresé al Liceo Superior, bajo el rectorado de don Luis González y en el cuarto año de Humanidades empecé a sentir inclinación por el inglés, mi padre me pagó un curso por correspondencia a la National School de California que estaba en Chile; eso ayudó a después que pudiera estudiar los 5 años de inglés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile entre los años 1964 y 1969.

Al titularme, pudiendo ir a otra ciudad partí a Valdivia. Trabajé 25 años en la Universidad Austral, hice un posgrado de lingüística aplicada en la misma Universidad y después me gané una beca de investigación de la Comisión Fulbright, estuve un semestre estudiando desarrollo del lenguaje en niños en la Universidad del Estado de Dakota del Norte, Estados Unidos en 1988.  También trabajé en la Universidad de La Frontera haciendo clases en la carrera de Periodismo y Fonoaudiología, lo mismo hice en la Universidad Mayor.

Ese periodo comenzó en 1996 y terminó el 2012.

– ¿Cómo incursionó en lingüística?

Cuando era estudiante de pedagogía en inglés en Santiago tuve una profesora que es autora de los libros de enseñanza de inglés que fueron tradicionales, se llamaba English Through  Practice de Lydia Miquel y Augusto Manríquez.  Fui alumno de ella y me quedó siempre la idea en metodología de que uno tenía que mirar para ser un buen profesor de lengua o inglés, estar atento al desarrollo de las ciencias del lenguaje en el mundo, igual que las demás disciplinas.

Una de ellas es la lingüística, que ha tenido desarrollos desde el estructuralismo, el cognoscitivismo, el funcionalismo y hoy las tendencias humanistas de la lingüística. De ahí empecé a entusiasmarme por la lingüística aplicada que no es más que todo el conocimiento que tenemos nosotros de las ciencias del lenguaje en la historia del hombre aplicado a la enseñanza, con motivo pedagógico para enseñar una lengua y tener frutos visibles en el producto final.

Por eso yo lamento cuando en Chile decimos que queremos ser bilingües, pero seguimos estando al debe con el inglés y con la revitalización de lenguas originarias.  No tan solo el mapudungun, tenemos el aymara, quechua, rapanui.

– ¿Por qué sucede eso?

Nosotros discriminamos lingüísticamente al que no habla nuestra lengua. Eso significa marginar, limitar las formas de comunicación y por lo tanto no se puede integrar, por ejemplo, a un inmigrante que tiene otra lengua a nuestra cultura y sociedad.  Eso es un fenómeno mundial, no tan marcado en otras latitudes. Por ejemplo, en Estados Unidos en la frontera con México y Canadá, el bilingüismo es la atmósfera y aire que se respira a pesar de que el gobierno de Trump declaró que el inglés es el idioma oficial de Estados Unidos, pero una segunda lengua no se dicta por leyes, la va dictando la propia comunidad.

– ¿Qué diferencias hay entre aprender y adquirir una lengua?

En la adquisición de la lengua nosotros estamos expuestos a nuestra lengua materna, por el grado de exposición, desde que se nace.  Antes del balbuceo el niño o niña está expuesto a esa lengua, por lo tanto, va descubriendo cómo operan los mecanismos de esta lengua a través de fonemas, sonidos, estructuración de oraciones de las frases y cómo referirse con el vocabulario al escribir y hablar de las cosas del ambiente.

En el aprendizaje de la lengua, alguien le enseña, tiene que haber un instructor, llámese profesor, tutor o educadores tradicionales. La otra diferencia es que en el aprendizaje hay un proceso consciente, hay que estar consciente cómo es la segunda lengua y cuáles son las diferencias en las vocales o consonantes.

– ¿Cómo evalúa los esfuerzos por revitalizar el mapudungun?

Me parece fundamental la preocupación, sin embargo me gustaría que la preocupación no se vaya transformando en un círculo. A mi modo de ver, la revitalización de una lengua depende de la incorporación del saber científico de las ciencias del lenguaje para diseñar metodologías de enseñanza y aprendizaje en forma efectiva.

– ¿El mapudungun se genera por adquisición?

Por supuesto que sí, pero hay que fomentar la adquisición en las familias.  Hay que exponerlo a las nuevas generaciones, a los más pequeños, a través de la escuela y de las familias, pero tiene que entregarse de una forma natural y dinámica.

Según mi apreciación hay que diseñar un enfoque de revitalización del mapudungun que debe estar basado en el conocimiento científico de la lingüística aplicada, de ahí debe derivar el método o los métodos para enseñar vocabulario, la sintaxis, la pronunciación y el uso social de la lengua y también la cultura, porque una lengua está inserta en un contexto cultural.

– ¿En este territorio funciona como lengua materna?

No. Funciona como una lengua secundaria porque el castellano prácticamente arrasó en el sistema educativo y en las comunidades originarias.  El mapudungun no está siendo la lengua primaria y las nuevas generaciones de hablantes aún tienen recelo de hablar, porque fue una lengua desprestigiada; nos aniquilaron la lengua.

Aquí en Imperial hay una tradición que yo la conozco de chico en el carnicero y en el bodeguero de cereales, la de subestimar al hombre campesino de origen mapuche por la lengua que habla, incluso se ríen y eso no puede seguir existiendo.

– ¿Aún hay discriminación?

Yo creo que sí.  Una vez pasé a comprar en un negocio en Nueva Imperial y atendían a una señora de origen mapuche. Se notaba que el mapudungun era su lengua materna y no podía pronunciar en castellano los precios y el comerciante se burlaba; de esa manera contribuía al desprestigio del habla de la lengua originaria.

– ¿Qué se pierde cuando desaparece una lengua?

Se pierde una concepción del mundo, una forma de relacionarse con los demás seres humanos a través de esa lengua.

Eso lo plantea David Crystal y es lo más peligroso y degradante que le puede ocurrir a un pueblo. Todos los días se están perdiendo lenguas; de las 6.000 o 7.000 que hay en el mundo, se están perdiendo 100 ó 200, no lo sabemos, porque hay muy poca gente que se dedica a la investigación.

 

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