Hemos arribado al Mes del Mar, celebración que nos recuerda que tenemos mar, aunque apenas conozcamos las comidas con pescado. Apenas sabemos lo que es el mar, aunque constantemente la prensa nos bombardea con la cantinela del reclamo de Bolivia por tener salida al mar.

Tal vez quien mejor marcara lo del mar en la literatura fuera Pablo Neruda con aquello de mi “Primer Mar”, trabajo que fuera escrito mientras se desplazaba por el río Imperial, de Carahue a Puerto Saavedra.

Recordaba que Puerto Saavedra contó con un gran poeta, Augusto Winter, quien llegando desde La Serena a Nueva Imperial, se desplazó un verano para conocer el mar chileno del sur y enamorado de sus aguas y de sus naufragios se quedó viviendo cuan náufrago en sus costas, y sería allí donde daría a luz su poemario “Poesías” y sería visitado por Gabriela Mistral, Manuel Magallanes Moore, Pablo Neruda y muchos otros escritores.

En el primer mar nerudiano, tuvo su origen la Primera Biblioteca Pública Municipal de que haya memoria en Chile, la que ha renacido de sus cenizas muchas veces y al día de hoy sigue atendiendo. Ahora en manos de personas que como su fundador aman lo que hacen.

La designación de mes del mar surge de una iniciativa del almirante José Toribio Merino Castro en 1974, y tenía como finalidad llamar la atención sobre aquella riqueza que nos rodea y que pudiera ser la fuente alimenticia del futuro.

La primera vez que se inauguraba la celebración se habló de la importancia de nuestra Armada, de nuestra Marina Mercante, de nuestros Pescadores Artesanales, de los científicos que estudian el mar, de quienes viven en sus orillas, de nuestros ancestros que estuvieron allí desde tiempos inmemoriales.

Nueva Imperial siempre ha estado unida al Mar de Chile, siempre hubo alguien de estas tierras allí. Cuando se rindió homenaje a los Héroes de Iquique en Valparaíso la Municipalidad de Nueva Imperial se hizo presente llevando tierra de la comuna para cubrir a los héroes.

Recuerdo que hubo un chiquillo, vecino mío aquí en la Nueva Imperial, que tras sus primarias en la Uno, se embarcó como marino de Chile, y navegó en un barco y un día supimos que se había preparado para tripular un submarino, que había aprobado un extenso curso técnico en navegación bajo las aguas en Inglaterra. Fue uno de los primeros suboficiales de la Armada en el arma submarina, su nombre Mario Ávila Valdés.

Hubo un muchacho, nacido también en esta urbe del valle del Traitraico, Walo Morales Ramírez, que un día abandono el “Barrio Plaza, para irse a navegar por los mares del mundo”, cada cierto tiempo venía a nutrirnos de aventuras vividas entre las olas verdosas de los océanos.  Una vez lo vimos llegar con sus galones de suboficial de la Armada.

Mas reciente, tenemos  una hija de estas tierras vistiendo la enseña de la Armada Emily Ana Igor  Leal. Quien en su ciudad vestía con orgullo la tenida de Voluntaria del Cuerpo de Bomberos y  un día se decidió dar el salto para conocer el mundo desde los ojos de Poseidón.

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