Faltaban 5 minutos para que Uberto Aros Ruiz y Hugo Aros Sandoval bajaran las cortinas de su joyería ubicada en calle Vicuña Mackenna 380 en Nueva Imperial.

Como es costumbre, la jornada de ese miércoles 22 de agosto estaba a punto de finalizar para ambos a las 20 horas, pero cuando el reloj marcó las 19:55 cuatro sujetos con el rostro cubierto irrumpieron violentamente al interior del local conocido como Joyería Don Hugo.

Tres asaltantes atravesaron la vitrina y redujeron a Uberto, dueño del recinto, para sustraer parte de las especies disponibles. El cuarto individuo portaba una escopeta y vestía una manta de color claro, sombrero, guantes y escondía su rostro con una capucha. El arma que llevaba la empleó para intimidar a Hugo, el otro vendedor.

De inmediato Aros hijo pensó en detener el atraco pese a la presencia del arma. “El ladrón me dice agáchate. Yo le di a entender que le iba a hacer caso y cuando estaba desprevenido intenté quitarle la escopeta. Forcejeamos y le bajé la capucha”, expresó.

Después de esa acción, Aros Sandoval pudo identificar al antisocial, quien sería de la comuna y en dos oportunidades anteriores habría acudido al establecimiento comercial fingiendo ser un cliente más.

El delincuente, al verse sorprendido, solicitó colaboración a sus secuaces para amedrentar al vendedor. “Le pidió ayuda a otro tipo. Mi papá quedó libre y fue a buscar un arma que manteníamos al interior”, explicó.

Mientras Uberto buscaba el arma, los sujetos salían del local para abordar una camioneta que esperaba en el exterior.  En ese momento el propietario percutó un disparo que impactó en la ventana del local.

Luego de obtener las especies, los asaltantes huyeron en la camioneta de color blanco por calle Baquedano con dirección al puente Alberto Hurtado y lanzaron miguelitos que causaron daños a otros vehículos.

Antecedentes

Los delincuentes sustrajeron diversas prendas de valor: anillos, pulseras y aros.  Todas ellas avaluadas en alrededor de 15 millones de pesos.

Hugo Aros sostuvo que los antisociales conocían el local y por la forma de operar considera que el ataque fue planificado. “Sabían dónde estaban las joyas y el dinero. Luego de revisar las cámaras de seguridad identificamos caras que se repetían. Habían ingresado anteriormente simulando ser clientes”, manifestó.

Ambos locatarios resultaron con secuelas producto del enfrentamiento, pero el más afectado fue Uberto, quien recibió golpes de pies y puños que lo mantienen con fracturas y contusiones leves.

 

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