Periodista: Rodrigo Lefiman Montes

El sábado 5 de enero dejó este mundo monseñor Sergio Contreras Navia,  uno de los grandes pastores que tuvo la Iglesia en Chile.  Como es habitual, cuando se instala el acontecimiento de la muerte en nuestras vidas,  es inevitable escribir la necrológica del ser que parte; más aún cuando se trata de una persona tan  relevante para la historia de la iglesia en Chile.

El padre Sergio Contreras formó parte de la Iglesia profética, aquella que supo interpretar los “signos de los tiempos”.  Una  Iglesia de la que nos enorgullecemos y suspiramos, pues actuó acorde a los principios evangélicos, especialmente en los momentos de sufrimiento de tantos hombres y mujeres.

Como obispo de Temuco, “don Sergio”,  encaró con valentía la feroz persecución ejercida por la dictadura militar en contra de tantas vidas del territorio. Aquel compromiso con la defensa de los derechos fundamentales de las personas  y su parresía (franqueza/honestidad)hacen que en la actualidad sea recordado y admirado no sólo por cristianos, sino también por todos los que trabajan en la construcción de una sociedad más humana.

“Si Dios, en algún momento nos habla de una manera determinada, la Iglesia y los obispos estaremos preparados para enfrentar las situaciones más adversas y los desafíos más grandes”. Así respondió en una oportunidad a la consulta de un periodista por las decisiones antidemocráticas del gobierno de facto.

Pero no sólo luchó para detener los crímenes de Pinochet y sus adictos, asimismo bregó por la justicia social y el entendimiento de los pueblos. Mención especial merece su sensibilidad frente a las reivindicaciones de la nación mapuche.

En el plano pastoral guió a la Diócesis con un fecundo y gozoso ministerio, aplicando los elementos del Concilio Vaticano II.  Fue un pastor que no se apoltronó en la curia, al contrario, “callejeó” la fe y salió al encuentro de muchas almas desamparadas,  particularmente de los más pobres,   tal como hizo Jesucristo en su tiempo.

El Papa Francisco dijo en una ocasión: “el que camina sin dejar huellas, no sirve para nada.  En la vida hay que caminar como caminó Jesús, dejando huellas que marquen la historia, huellas que dejen descendencia y que van a aprovechar otros que vienen detrás”.   No cabe duda que monseñor Contreras  abrió grandes caminos e inspiró, y sigue inspirando,  a religiosos y personas de buena voluntad para cultivar relaciones sanas y respetuosas entre todos los habitantes de esta tierra.

Hoy reconozco ese legado. Y aunque me duele su partida, asumo su testimonio de vida como un desafío que me interpela a mí y a tantos otros jóvenes a sembrar la verdad, justicia, respeto, paz, fraternidad y solidaridad en el mundo.

¡Descansa en paz, buen pastor!

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