El Centro de Cumplimiento Penitenciario de Nueva Imperial es un penal intercultural perteneciente a Gendarmería de Chile que cuenta con una población penal de 130 internos, provenientes de diversas comunas como Saavedra, Carahue, Teodoro Schmidt y Cholchol.
La unidad se caracteriza por capacitar a los internos en diferentes oficios a través de talleres, como orfebrería mapuche, soldaduras y panadería, entre otros; los cuales buscan promover su reinserción en la comunidad.
Para palpar la realidad del penal, el seremi de Justicia y Derechos Humanos, Ignacio Malig Meza, recorrió sus instalaciones y una de las primeras impresiones del funcionario fue la intensa actividad socioeconómica que hay en el Centro.
Según Malig “esta es una importante labor que impulsa el ministerio de Justicia y Derechos Humanos, ya que el desarrollo de las políticas de reinserción social en Gendarmería son el eje de su trabajo institucional. Es por ello que debemos impulsar la mayor cantidad de iniciativas como éstas, que se enfoquen en la rehabilitación de los adultos y jóvenes privados de libertad”, puntualiza.
Es así que, en la actualidad, cerca del 90% de la población penal de este recinto tiene la oportunidad de trabajar, ya sea en el lavado de vehículos, de alfombras o en los talleres de platería, madera, fierros o cuero.

Testimonios
Por su parte, el capitán Robert Henríquez Sepúlveda, alcaide del CCP, señaló que “los productos se comercializan en un Centro de Estudio y Trabajo Cerrados. También se hace través de un encargado que busca a los proveedores y compra directamente a los internos, entregando una boleta. A su vez, cada interno mantiene una libreta de ahorro, donde una parte del dinero pasa a Gendarmería, otra al interno y otra a su familia”.
De esta manera los reclusos agradecen y valoran las oportunidades brindadas dentro del recinto penitenciario. Para Sergio, interno que trabaja en plata y madera, la ocupación le ha servido para potenciar sus habilidades y generar ingresos. “En base a los talleres con que salimos beneficiados, yo aprendí a trabajar. Eso me ha servido para desarrollarme y solventar mis gastos”, asegura.
“Cuando llegué no tenía conocimiento de nada, aquí aprendí a trabajar en plata, a hacer anillos, cadenas y joyería mapuche. Me gusta, por lo tanto, afuera me dedicaré a esto como un oficio”, señala Miguel, otro recluso, a quién sólo le quedan 3 meses para cumplir su condena.

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