Luego de 7 años de formación, el diácono en tránsito Cristian Rivera Suazo (25) recibirá la ordenación sacerdotal en la Catedral de Villarrica.
De ese modo, sellará una etapa de crecimiento vocacional, personal e intelectual tras su preparación en el Seminario Mayor San Fidel.
El joven consagrado es oriundo de Toltén y actualmente ejerce el diaconado a la espera de la ceremonia que lo investirá como presbítero de la Iglesia.
Precisamente, ese acontecimiento ocurrirá el sábado 9 de septiembre en una misa fijada para las 11 horas a cargo del obispo diocesano, monseñor Francisco Javier Stegmeier.
Para Rivera, la consagración es un nuevo capítulo que se añadirá a su historia de vida marcada por la cercanía con Dios y la Iglesia. Desde pequeño estuvo vinculado a la oración y al servicio espiritual, en parte, inspirado por el testimonio familiar y comunitario.
“Las personas que ayudaron a mi vocación fueron mis abuelas paterna y materna. La fe, la piedad y el amor a Dios y a la Iglesia que expresaban de manera sencilla, mediante la oración, me llamó la atención de niño”, comenta al referirse a las personas claves que lo motivaron a abrazar la opción religiosa.
Su paso por el grupo pastoral de los servidores del altar, en la parroquia San Antonio, fortaleció esa inquietud. Pero la experiencia determinante la vivió en el Complejo Educacional Monseñor Guillermo Hartl, donde se dio cuenta que su camino era el sacerdocio.

Decisión

Con el impulso de sus párrocos, y tras culminar la enseñanza media, el 2011 partió al Seminario diocesano para recibir formación en filosofía, teología y servicio pastoral.
Los siete años de preparación fueron un periodo de aprendizaje personal y comunitario que finalizaron a fines del año pasado con la admisión por parte del obispo para asumir el desafío del diaconado, un servicio que desempeñó a partir del 24 de marzo cuando fue consagrado en Toltén.
Luego de 5 meses de ejercicio como diácono transitorio, se aproxima la fecha de la ordenación y Cristian Rivera está feliz y tranquilo, pues llegará el momento de entregarse “a Cristo para siempre”.
“Tengo esperanza, alegría y nerviosismo, porque uno se siente indigno y pobre ante el gran regalo que me concederá Dios”, expresa.
Por fin podrá celebrar misa y acompañar a las almas católicas en el trayecto de la fe. Almas que en cierta medida están desconcertadas por la grave crisis que atraviesa la iglesia chilena, golpeada por los escándalos sexuales y acusada de abusos de conciencia y poder.
El futuro sacerdote está consciente de esa realidad y al califica el momento como “un tiempo de gracia de Dios que servirá para volver a la centralidad en Jesucristo”. “Quizás algunas cosas no se han hecho muy bien, pero Dios siempre nos da la oportunidad de poder volver a comenzar. Es un tiempo de poder volver a lo central que es el anuncio de Jesús”, manifiesta.
“Dios necesita sacerdotes que hagan bien la pega y hacer bien la pega es tener a Cristo en el centro, anunciarlo y estar con la gente”, finaliza.

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