El abogado y sociólogo imperialino, Humberto Lagos Schuffeneger, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar las cuestiones de la fe cristiana.  Lo avalan una sólida formación teológica y múltiples experiencias con las “cosas de Dios”.

Aunque profesa la fe bautista, Lagos posee un amplio trabajo en el ámbito interreligioso. De hecho, fue director de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR) entre los años 2014 y 2018.

Cuando se aproxima una nueva conmemoración de la Navidad, el teólogo comparte con El Informador sus reflexiones sobre ese hito y la trascendencia de Jesucristo.

¿Qué valor le atribuye a la Navidad?

Es la fiesta del nacimiento de Cristo.  Es interesante porque se trata de una convocatoria masiva en la que todas las tradiciones cristianas se reúnen en torno a una especie de acercamiento familiar donde se expresa el amor, ese amor manifestado por Dios mismo con el nacimiento de Jesús.

– ¿Cómo definiría a Jesucristo?

Jesucristo desde el punto de vista bíblico es el hijo de Dios que se encarna, se hace hombre.  No se puede separar lo humano de lo religioso de la vida de Jesús.  Él mismo se autodenomina como Hijo del Hombre y hay más de 2.000 años de historia desde esta situación.

Además, es muy importante tener presente que las fuentes para establecer la presencia histórica de Jesús no son solo los datos bíblicos, sino que hay numerosos filósofos, historiadores de diferentes tradiciones, de diferentes países que entre los siglos I, II, III después de Cristo dan cuenta de que Jesús era una realidad histórica.  Uno recuerda a Flavio Josefo, a Tácito, Suetonio a Hierocles y muchos más.

– ¿De qué manera influyó durante su presencia en la tierra?

El impacto fue realmente importante.  Basta pensar que las referencias hechas por los filósofos o historiadores son referencias a que el impacto social de los seguidores de Cristo era tremendo en los diferentes lugares donde se manifestaban (…).

– ¿Considera necesario entender quién fue el Jesús histórico y el Cristo de la fe?

Exacto.  Es muy importante tener presente que el regalo que Dios nos hace con el nacimiento virginal de Jesús no es solo un hecho de carácter religioso, sino que tuvo un tremendo impacto en la sociedad de su tiempo y en las sociedades nuestras.

Las enseñanzas de Jesús tienen que ver, por ejemplo, con situaciones básicas que se relacionan con los derechos humanos, con la justicia, con una vida digna, de respeto entre los seres humanos, con instalar la paz.

El Jesús histórico marca la vida y la organización social y el Jesús religioso, el Jesús revelado y de la fe no puede separarse de eso.  Hay que recordar, por ejemplo, que las bases de los Derechos Humanos de Naciones Unidas están asentadas dentro de las enseñanzas bíblicas.

– ¿Jesucristo fue uno de los grandes revolucionarios de la historia?

Sin ninguna duda.  Lo que plantea Jesús fue una revolución permanente. El primer gesto revolucionario fue negarle la divinidad al César.  El César romano normalmente planteaba que él era una divinidad y Jesús le dice claramente que no lo es, que Dios se manifiesta de otra manera.

Jesús desafió muchas de las normas imperantes de ese tiempo, no solo a lo que el Imperio Romano imponía, sino que también puso en contradicción las tradiciones judías de la época que eran bastante leales a la dominación romana.

Jesús fue seguido por muchísimos revolucionarios de esa época, porque sus dichos, sus afirmaciones eran absolutamente diferentes, eran liberadoras; su verdad tenía otro sentido (…).

– ¿Cómo impacta ese mensaje en nuestro tiempo?

El mensaje de Jesús sigue diferentes días.  Está por una parte la influencia del hecho cristiano en el ámbito de los derechos humanos como formas imperativas de orden internacional y nacional que deben ser respetados para dignificar la vida de las personas.

Jesús sigue siendo una figura absolutamente relevante en el ámbito de la historia y no solo para los que tenemos fe respecto de su divinidad, sino para quienes reconocen en Jesús una presencia histórica extraordinariamente importante para instalar espacios de paz, justicia, espacios de convivencia social que sean relevantes, sobre todo desde el punto de vista de respetar y promover justicia para los pobres.

¿Las religiones hoy por hoy predican la fraternidad?

Sin ninguna duda predican la fraternidad, pero uno se puede encontrar con situaciones que a veces son radicalizadas y adoptan de manera fanática posiciones que yo defino siempre como de tipo sectario destructivo y que pueden, argumentando el hecho de estar alimentados por la fe, hacer exactamente lo contrario a aquello ligado a la paz. Por ejemplo, hay actos de carácter terrorista en los que se atenta contra la vida de las personas y son cometidos a veces por grupos radicalizados que dicen tener una fe que los motiva.

– ¿Cuál es su llamado para esta Navidad?

Jesús es absolutamente una realidad histórica que nos convoca para una vida en paz, una vida de justicia.  Yo digo siempre que a veces hablamos mucho de la oración, pero lo que Jesús dice es “OraAcción”, es una palabra compuesta, orar y accionar para mejorar las condiciones de vida personal, familiar y de vida social.  Si nosotros podemos hacer aportes para que se mejoren las condiciones de muchas personas, esos aportes están expresando realmente el nacimiento de la Navidad, el nacimiento a una nueva vida, de construir nuevos espacios para que la vida cotidiana sea mucho más soportable, mucho más amable.

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