El Centro de Terapia “Agrupación Luz de Esperanza” cambió de estatuto

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El 27 de agosto la jurisdicción del Centro de Terapia de estimulación temprana pasó de ser una agrupación a fundación. Hoy con el nombre “Crece Conmigo”, la directiva junto a las cuatro profesionales que lo integran, continuarán trabajando en mejorar la calidad de vida de niños y niñas en Nueva Imperial y de la Costa que llegan al Centro por una discapacidad cognitiva.

Se espera que el nuevo estatuto beneficie de forma directa al recinto para poder “ampliar los recursos con la comuna, con otras comunas, con la región y otras regiones, incluso hasta poder recibir recursos desde el extranjero”, dijo uno de sus fundadores, el concejal Miguel Suárez Molina, quien conoce la realidad de los menores por tener un hijo de 13 años con autismo.

“Esperamos que con el tiempo se pueda ampliar los cupos para incluir al sector rural.  Nuestra gran preocupación es que no existe un diagnóstico y de cuántos menores podrían tener autismo, asperger y síndrome de Down” señaló Suárez Molina.  La autoridad espera que el funcionamiento del Centro sea permanente.

Historia

El arduo trabajo está en curso desde el 2012, cuando seis papás entre ellos el concejal, se reunieron por primera vez en las dependencias de la Municipalidad con el objetivo de resolver la falta de profesionales en las escuelas especiales del territorio.

“En ese entonces los papás tenían a sus hijos en una escuela especial, donde había pocos profesionales o simplemente no había y logramos que en la actualidad todos los cursos cuenten con educador diferencial, sicólogo, fonoaudiólogo y terapeuta educacional”, manifestó.

Sin embargo, por la experiencia del propio concejal que durante 6 años llevó a su hijo con autismo a terapia en Temuco, y tras conocer el alto costo que esto significaba, trabajó para que Imperial tuviera el actual Centro de Terapia con el pago de una cuota mínima mensual.  “Esto se logra en el 2015 con la propiedad, con dos profesionales, una terapeuta educacional y fonoaudióloga”, recuerda Suárez, contando que “funcionamos un año sin contar con los recursos necesarios y yo como papá tomé contacto con la primera autoridad comunal, el alcalde; le presenté el proyecto y recibimos una subvención municipal con la que se logró formalizar el centro”.

 

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