Ana Vera Haro es sicóloga, egresada el año 1995 de la Ufro. Actualmente ejerce la docencia en la Universidad Católica de Temuco (UCT) e integra un centro de rehabilitación de drogas para jóvenes y niños de Temuco.

“Fueron tiempos muy difíciles, así que la motivación tenía que ser grande”, declara al comentar su arribo a la vida universitaria donde dedicó mucho tiempo a la acción política.  Hoy, con otras responsabilidades, sigue vinculada en ese ámbito, pero desde la perspectiva feminista.  En diálogo con El Informador se refiere al estado actual del movimiento que tomó fuerza en el país.

 – ¿Cómo surgió su interés por el feminismo?

Mi tendencia a tener una mirada más igualitaria nace en la discusión familiar.  Si bien es cierto, pertenezco a una familia tradicional, hubo oportunidades de enfocarnos y discutir cuestiones críticas de la sociedad, desde el sistema político dictatorial que sufríamos hasta las desigualdades de género (…).

Como corriente de pensamiento, conocí el feminismo a través de los libros que compartíamos con algunas compañeras en la Universidad, con quienes además nos organizábamos como parte del movimiento estudiantil contra la dictadura y en contra de la violación a los Derechos Humanos en la época. Posteriormente, viví el feminismo como posición política y movimental alrededor del año 1998 cuando conocí la organización Plenilunia, tal vez la primera organización feminista en Temuco, que ya venía trabajando desde el feminismo de la diferencia y fueron las creadoras de los Centros de las Mujeres, un lugar que trabajó activamente por más de una década contra la violencia sufrida por mujeres, niños y niñas (…).

– ¿Cómo se expresa a nivel local la desigualdad de género?

A nivel regional, me parece que las desigualdades de género persisten.  Es un problema estructural, consecuencia del prejuicio y discriminación que pesa sobre el papel y posición que debemos jugar las mujeres. Predomina una dominación masculina, tal vez menos tradicional que antes, pero que circula en distintos espacios institucionales, locales, comunitarios y privados.

(…) Vemos cómo las desigualdades económicas profundizan la violencia de género. No olvidemos que en nuestra región hay una persistente feminización de la pobreza y eso también es violencia.

Realidad

Según la Subsecretaria de Prevención del Delito en el año 2016 se registraron 93.545 denuncias por casos de violencia intrafamiliar a nivel nacional, de los cuales 72.172 fueron efectuadas por las propias mujeres. A nivel local las cifras también son alarmantes. El 2016 se registraron 339 casos de violencia intrafamiliar en Nueva Imperial, cifra que se elevó a 342 el 2017. De ahí que Vera destaca la explosión del movimiento feminista como un método sociopolítico capaz de acabar con la cultura machista.

 – ¿Qué opina de la irrupción del movimiento feminista en el país?

Ha sido sorprendente la explosión a nivel nacional y mundial, sobre todo por la irrupción e impacto que han tenido en distintos espacios institucionales y mediáticos. Valoro el activismo y trabajo propositivo que han tenido las feministas a nivel local, primero a las estudiantes que con energías nuevas están visibilizando las violencias de género que se sufren en las universidades, dejando al descubierto el autoritarismo y el sexismo en la educación.  A nivel local hay que valorar que la movilización no sólo ha quedado a nivel estudiantil, sino que han impulsado y fortalecido a otras mujeres.

 – ¿Las iniciativas impulsadas desde el Gobierno combaten la desigualdad de género?

Ya decía que este problema es estructural, por tanto, las medidas no solo son insuficientes, sino que muchas de ellas contradicen las reivindicaciones del movimiento, sobre todo aquellas que lo único que hacen es profundizar el modelo neoliberal y privatizan dimensiones que son un derecho.

 – ¿Qué implica ser docente y feminista en una universidad católica?

Tengo una opinión positiva en varios aspectos, pues llegué a un espacio respetuoso y en un momento de mucha apertura creativa, lo que me ha permitido grandes aprendizajes en el trayecto de la creación y consolidación de la carrera de sicología. Pero las universidades son instituciones jerárquicas y con muchos asuntos pendientes en torno al cambio social y cultural que deseamos como feministas.  Esta movilización ha puesto en evidencia muchos de estos aspectos, tales como las brechas de género en distintos estamentos, el acoso, las discriminaciones múltiples y el sexismo en la educación.

– ¿Cuál debería ser el rol de los medios de comunicación en este proceso?

Los medios tienen un papel crucial en este proceso, pues siempre han estado produciendo realidades, sentidos y subjetividades que reproducen los formatos culturales patriarcales y sexistas a través de sus lenguajes, parrillas programáticas, personajes y contenidos. Tienen la oportunidad de contribuir a la construcción de nuevos significados desde la perspectiva de género valorando la historia, la política y propuesta de sociedad de las mujeres, cuestionando las inequidades.

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