Cincos días demoró Héctor Huaquipan en llegar desde Casa de Piedra, comuna de Tirúa, a Nueva Imperial con su carreta cargada de cochayuyos.  Junto con él otros 14 hombres hicieron la misma travesía bajo el sol abrasador y las gélidas noches de la zona.

Esta vez Huaiquipan vino acompañado de su pequeño hijo Benjamín con la esperanza de vender la producción y volver a casa con dinero y comida para la familia.  Pero la estadía en la ciudad acuarela fue pasajera, ya que arribó el miércoles 16 de enero en la tarde y partió el viernes a Temuco: el destino final.

Como todos los años, la parada en Nueva Imperial es necesaria para descansar y aprovechar de vender parte de la mercadería: “Generalmente vendemos un poco acá, pero no nos va tan bien como en Temuco”, señala el emprendedor.

Héctor Huaquipan es yerno de Juan Meñaco, el mítico vendedor de cochayuyo que todos los veranos encabeza la caravana de carretas con rumbo a Temuco: “Esta es la segunda vez que venimos.  Empezamos en diciembre, esa vez yo no pude venir y ahora viajé con mi cuñado y otros miembros de la familia”, declara el trabajador.

Hace siete años emprendió su primer viaje a Temuco y desde esa fecha todos los años recorre a pie los 120 kilómetros que separan Casa de Piedra con Temuco; en total son siete días de marcha a la capital regional.

Y la única motivación es llevar el pan a la mesa del hogar “Vivimos en un lugar aislado, no hay pega en ningún lado. No queda otra opción que agarrar la carreta y salir a negociar, porque la plata no llega sola, hay que salir a buscarla y si no la buscamos nos morimos de hambre”, nos comenta.

“Como las hormigas”

“Nosotros somos como las hormigas, porque ellas juntan su alimento en el verano. En nuestro caso también reunimos el alimento en el verano para pasar el invierno con los chicos”, dice Huaiquipan, quien desde ya evalúa el regreso a Temuco en marzo para comprar los útiles escolares de sus dos hijos.

La permanencia en la zona puede durar hasta un mes y mientras no se vacíe la carreta no hay regreso. Durante esos días pasan la noche en sitios públicos abandonados o en espacios de particulares. Para eso traen frazadas, lonas y algunas prendas de ropas.

“Hay gente que dice que esto es una tradición, por una parte, sí, pero para mí es un tremendo sacrificio, yo no salgo por gusto.  A nadie le gustaría recorrer a pie 120 kilómetros, pasar calor y frío con los animales”, puntualiza.

Con relación al trato que reciben en este proceso, Héctor Huaquipan dice que “hay todo tipo de personas: “En la carretera hay algunos automovilistas que nos respetan, otros nos insultan, porque a ellos les interesa ir rápido, pero una carreta no puede avanzar de esa manera».

Algunos nos molestan por los animales y no entienden que uno tiene que comer.  Si pensamos como ellos de qué viviríamos, porque gracias a los animales podemos sustentar la casa y tener el pan de cada día.  Los animales se cansan como uno, solo les falta hablar”.

El cochayurero de Ruka Kura (Casa de Piedra) espera que su venta en Temuco sea exitosa para volver a mediados de febrero a casa con “platita, mercadería, harina cruda, porque tenemos que aperarnos bien para el invierno. Esto es de todos los años: siempre esperamos el verano para volver a tener platita”, concluye.

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