Ambos tienen 20 años, fueron compañeros en la secundaria y actualmente van a la par en un nuevo desafío.  Se trata de Yeyson Pincheira Garcés y Allan Flores Paillavil, dos jóvenes de Nueva Imperial que optaron por un proyecto de vida inusual para los tiempos de hoy: el sacerdocio.

En el marco de sus últimos días de vacaciones y antes que retornen al Seminario Metropolitano de Concepción, El Informador conoció la historia de los seminaristas que son un orgullo para la comunidad católica local.

Decisiones

Yeyson Pincheira se vinculó con la Iglesia a los 9 años.  A esa edad empezó a participar en el movimiento de infancia misionera de la parroquia San Miguel Arcángel. Con el paso del tiempo integró otras agrupaciones juveniles que lo ayudaron a crecer en la fe.

Faltaba poco para su egreso de cuarto medio cuando reflexionó seriamente la posibilidad de ingresar al Seminario.  Tras una larga etapa de discernimiento decidió dar el paso.

“En cuarto medio retomé con fuerza el discernimiento vocacional que había hecho años anteriores con el acompañamiento de sacerdotes y de ahí tomé la decisión de postular al Seminario.  Eso para mí fue un dilema, porque había hecho un preuniversitario para continuar estudios universitarios.  A fin de año llegaron los resultados de la PSU y la carta de aceptación del Seminario, pero escogí el Seminario”, comenta.

Allan Flores tenía 12 años cuando recibió el bautismo.   Completó los principales sacramentos de iniciación a la vida cristiana en su comunidad de base del sector Peleco como cualquier católico.  Sin embargo, para él esa etapa fue determinante en la configuración de su vocación. “Después de recibir los sacramentos me picó el bichito de la vocación y también al poco tiempo falleció mi abuelo.  Eso ayudó a afianzarme con el Señor y luego comencé a asistir a misa diariamente y me iba enamorando cada día más del Señor en la Eucaristía”, relata.

Renuncias

Para los jóvenes la resolución de abrazar la vida religiosa estuvo marcada por el asombro y el respaldo familiar.  Allan cuenta que al principio su madre no podía comprender la decisión.  “Soy hijo único y para ella fue muy difícil aceptar mi anhelo de ser sacerdote, pero ahora la veo más contenta”, señala.

Yeyson, por su parte, fue estratégico para comunicar la noticia.   “Decidí contarle a mi madrina, a mi abuela y a mi mamá en la Navidad del 2016 y a mi papá le conté el Año Nuevo para que comenzara bien el 2017”, recuerda con humor.

En marzo del 2017 empacaron sus cosas y partieron como seminaristas de la Diócesis de Temuco hasta el Seminario Metropolitano de Concepción, ubicado en la comuna de Chiguayante, para iniciar el periodo de formación que dura 7 años.

Este año cursarán la segunda etapa de filosofía, equivalente al tercer año de preparación.

Cómo es la formación

El tránsito al sacerdocio diocesano implica estudiar filosofía, teología, pero también otras asignaturas como gramática, lenguas y psicología.  Todas esas áreas contribuyen a que los futuros presbíteros tengan una sólida formación pastoral, intelectual, espiritual y comunitaria.

La Diócesis de Temuco, en particular, acentúa el aspecto pastoral, algo que los seminaristas consideran decisivo para confirmar la vocación.

“En el cuarto año tenemos pastoral, eso es nuestro colador, porque vemos si tenemos la capacidad para trabajar con la gente y si nuestra formación está bien orientada.  Hacemos una pausa en la formación académica para apoyar durante un año en una parroquia”, dice Yeyson.

Crisis eclesiástica

La grave crisis que remece a la Iglesia católica en Chile es motivo de preocupación y ocupación para los futuros consagrados.  Ellos admiten el dolor que les han causado los errores y horrores cometidos por clérigos, no obstante, tienen la certeza de que este proceso servirá para corregir el rumbo eclesial.

“Este tema no va a sanar luego, tenemos que hacer camino para que la Iglesia vuelva a tener la confianza en Jesucristo. Lo más probable es que no veamos una Iglesia fortalecida como era en el pasado, pero hay que trabajar para que eso se revierta”, expresa Allan.

A su vez, Yeyson opina que la Iglesia debe volver a ser “un lugar de escucha como fue en su tiempo dentro de la historia chilena, donde sacaba la voz.  Esperamos que vuelva a ser eso, que su centro sea Jesucristo como dice el Papa.  Va a ser un proceso largo, pero la Iglesia va a recuperar la fe y la confianza”, agrega Yeyson.

Recen por ellos

Pese a todo, los jóvenes imperialinos transmiten satisfacción y felicidad por el camino recorrido.  Coinciden en que la oración, la confianza en Jesucristo y el apoyo de sus hermanos en la fe ha sostenido la voluntad de servir a Dios y la Iglesia como presbíteros. “Cada vez que venimos a Imperial sentimos el aprecio de nuestros hermanos.  Sabemos que ellos rezan por nosotros”, manifiestan.

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