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martes, diciembre 6, 2022
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¿Qué puede ocurrir si te muestras agradecido y te escuchan silbar?

Hace algunos años ya, cuando leí un artículo en una revista que se relacionaba con los supuestos efectos que producía la forma en que las personas se saludaban, y como en particular, la manera en que se agradecía a los otros podría generar efectos bien especiales en nuestras vidas…

Debido a esto, y a mi permanente curiosidad, sumado esto a las ganas de experimentar en carne propia las cosas, me inspiraron para realizar el siguiente experimento:

  • Me propuse por el lapso de aproximadamente una semana, que en cada oportunidad que entrara en contacto con personas desconocidas, es decir fuera de aquéllas con las que habitualmente tenía vínculos, (amigos, familia y círculo cercano) debería actuar de manera notoriamente empática. La idea era de mostrarme agradecido y sonreírles en esos breves momentos de comunicación…

Reconozco que la tarea que me había autoimpuesto, no era sencilla y esto se debía fundamentalmente a dos aspectos. Primero, no era parte de mi forma de ser habitual, sonreírle a los demás en los instantes de comunicación con ellos y Segundo, no estaba seguro cómo las personas pudieran tomarse que les estuviera sonriendo y agradeciendo, sin tener mayor cercanía con ellos.

Cual decidido quijote que iba en busca de sus quimeras, inicié mi reto, procediendo a resumir a continuación, tres de las principales situaciones que recuerdo de esa experiencia:

Escena Uno: El lugar era una estación de servicio, donde fuera de cargar combustible, concurrí a la tienda para comprar unos alimentos. El diálogo con la srta. que me atendió fue más o menos el siguiente:

Buenas tardes, son estas especies las que llevo. Perfecto. Cómo cancela? Con efectivo. Ok. Son ocho mil quinientos pesos. Ok. Su vuelto. Srta. le agradezco mucho, espero tenga un excelente día. Muchas Gracias. Todo esto lo efectué mirándola a los ojos y esbozando una sonrisa.

Ella me respondió la mirada y también la sonrisa, agregándome la frase ¡Muchas Gracias!

Escena Dos: El lugar esta vez, fue un supermercado. Luego de llegar a la caja, comencé a pasar por el control de precios cada una de las mercaderías como suele ocurrir, produciéndose con la sra. a cargo de esta función, el siguiente diálogo:

Buenos días, Sra. Buenos días Señor. Cuál es su forma de pago?. Con tarjeta de débito. Perfecto. Sra. agradezco su atención y espero que sea un muy buen día. Esta frase al igual que el caso anterior, se la dije mirándola a los ojos, a la vez que le mostraba una franca sonrisa.

Ella me respondió de igual manera, con una clara sonrisa, mirándome y deseándome que mi jornada también fuera muy positiva.

Escena Tres: La última escena, corresponde a un quiosco de diarios y revistas, que era atendido por un señor de mediana edad. Mi intención era, comprar unos pañuelos desechables, recordando que mi comunicación fue más o menos así:

Buenos días señor, cuánto cuestan los pañuelos desechables. Recuerdo que me dijo el valor y yo le pedí dos paquetitos. Luego de cancelarlos, lo miré y le dije, le agradezco mucho señor y espero que tenga un gran día. También aproveché de sonreírle. Esta vez, la respuesta de esta persona, no fue la esperada. Me miró con algo de desconfianza, movió su cabeza en señal de afirmación y no me dijo nada.

Durante esa semana, luego de hacer un recuento general, recuerdo que fueron muchas más las personas que respondieron de forma amable, incluso con una cara de sorpresa, pero al final, con agrado.

Luego y en conclusión de mi experimento, pude quedarme conlas siguientes constataciones:

  • Cuando nos preocupamos por ser amables y agradecidos con las personas con las cuales nos relacionamos, aunque no nos conozcan, la mayor parte de ellas, tiene una buena predisposición y responde de similar forma;
  • Es posible ser amable con las palabras y con gestos corporales con otras personas, aunque nuestra personalidad, no sea tan amigable o sociable, lo que realmente interesa, es tener la voluntad y las ganas de hacerlo;
  •  Uno de los grandes riesgos que se debe asumir cuando decidimos ser amables y agradables con otras personas desconocidas, es que estas, no nos respondan el saludo, pero debemos pensar también, que la satisfacción que en la mayoría de las veces recibiremos, merece la pena dicho riesgo.

Hoy a menudo, me recuerdo de este desafío que realicé hace algún tiempo y lo vuelvo a aplicar, no siempre, pero sí, en muchas ocasiones…les invito a uds., a que puedan también, intentarlo…

Como se mencionó al inicio del presente tema, no puedo concluir este capítulo sin dejar de comentar otra actitud, de carácter anónimo, que pareciera pasar inadvertida dentro del ajetreo diario de la cuidad, pero para aquél que es capaz de notarla, pudiera transformarse en una auténtica, conducta ejemplar. Me refiero a ese “ maratonista melódico ”. Se trata del mismísimo cartero, que cada semana, pasa por mi cuadra invariablemente entonando una serie de melodías con sus silbidos…tira una especie de carrito donde porta las cartas y quizás unas cuantas encomiendas. Lo he observado caminar y caminar, por pasajes, cuadras y calles. Lo sorprendente es que no deja de silbar, no cesa de recrear temas musicales, regalándolos a aquellos que, son capaces de escuchar…probablemente él, sea feliz y nos regale parte de su felicidad…

IVÁN ANDRÉS BASCUÑAN ARAVENA

Magíster en Psicología Social

Máster en Inteligencia Emocional

                                      COACH ONTOLOGICO

Terapia y Talleres/ Consultas  uniones1068@hotmail.com

Fono +56985540162

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