Con el lanzamiento de ofrendas florales y un conversatorio realizado en la localidad de Nehuentúe Carahue recordó la tragedia del Vapor Cautín, ocurrida hace 77 años. La, actividad, organizada por el Municipio, fue un ejercicio de memoria, para honrar el recuerdo de quienes perdieron la vida en vísperas de la fiesta de San Sebastián.

Helmuth Martínez Llancapán, Alcalde de Carahue, encabezó la actividad conmemorativa. “Todos los carahuinos conocemos esta historia y año tras año nos reunimos para rendir homenaje a los 82 fallecidos que documentó el antiguo Registro Civil de Carahue. Creo, firmemente, que la tragedia del vapor cautín nos recuerda que sin pasado no hay futuro”
En un esfuerzo por recuperar esa memoria histórica y patrimonial, en enero de 2014 se realizó el Primer Homenaje a las Víctimas del Cautín, bajo la organización de la Agrupación de Artesanos Lafken Mapu Newentu de la Localidad de Nehuentue con apoyo de la Unidad de Cultura y de Turismo de la Municipalidad de Carahue.
A lo largo de estos 14 años se han sumado los aportes de cultores locales, escritores, documentalistas, vecinos, sobrevivientes y familiares de Víctimas de la Tragedia. Para todos ellos nuestro agradecimiento. En su versión 2025, la actividad tuvo como panelistas a Kjesed Faúndez, Ricardo Román, Carlos García, Bernardo Castro, Jeannette Baier, Rosalía Castro, Amelia Quintana, Nancy Merino, Sergio Aravena, Alicia Nail y María José Boggen
Historia de una Desgracia
Era el 19 de enero de 1948 y el Vapor Cautín se alista para salir rumbo a Saavedra. Atracado en el Puerto Fluvial de Carahue sube a bordo a alrededor de 200 pasajeros proveniente de las cercanías de Imperial y Carahue y se encuentra a la espera del «curao» tren que viene retrasado proveniente de Temuco con otros 200 pasajeros o tal vez más.

Era vísperas de «San Sebastián» la fiesta religiosa más importante de la Araucanía. EI Cautín se llenaba hasta el tope con más de 400 pasajeros e iniciaba su travesía con una sobrecarga que se refleja en 40 centímetros sobre la línea de flotación, eso fue lo que observó el niño de 10 años Osier Baier, sobreviviente.
Hubo quienes no quisieron subir al barco, benditos los que desistieron de su viaje. En su recorrido, el Cautín seguirá subiendo peregrinos en los precarios atracaderos a las orillas del río Imperial.
Es de noche y la luna no brilla en el firmamento, la densa oscuridad sólo es iluminada por las luces de la embarcación. Los pasajeros se dan cuenta del riesgo, el temor comienza a esparcirse a bordo. El Capitán de Navío Humberto Faúndez ignora las llamadas de alerta y aviva la fiesta; al ritmo de acordeones se propone levantar el ánimo de sus tripulantes. Al pasar por Tranapuente se escuchan las armoniosas melodías de las tonadas y la Sra María Sepúlveda Latorre, madre de las Pizarro se asoma por la ventana del tercer piso del «Molino Pizarro» en donde vive la familia y exclama: «Dios tenga misericordia de esta gente, no sienten respeto por el Santo Patrono». El agua ya ha entrado a las bodegas y el rostro de los pasajeros palidece, el pánico está haciendo presa de muchos; algunos quieren bajar a tierra, otros quieren subir a lo más alto del barco porque el peligro es inminente. El capitán de Navío sigue ignorando el peligro o tal vez está esperando el mejor momento para hacer una buena maniobra, pero ya es tarde, demasiado tarde.
Son cerca de las 23:30 horas y la noche se cubre toda de negro. Cerca del muelle Larroulet y teniendo a Nehuentúe a la vista la calamidad se desata… tres veces se escucha el aullido del Cautín pidiendo auxilio. El Capitán Faúndez acerca el Navío hasta la orilla norte con una compleja maniobra, pero la desesperación, la oscuridad y el miedo desorientan a los pasajeros provocando el caos. En Nehuentúe algunos vecinos ya duermen, otros esperan despiertos a sus seres queridos … el corazón de la señora Rosalba se estremece, afuera en la calle alguien grita con fuerza la desgracia del Cautín, la señora Rosalba siente que su cuerpo se desmorona mientras la joven Rosalía Castro Luengo acompaña y observa la escena. Ya en la puerta de la casa el carabineros Juan Rodríguez Reyes la sostiene .. su comadre y amiga Celmira Angüita viuda de Castro es una de las tantas víctimas.

La noticia de la desgracia se difundió rápidamente y gentes de todas partes viajó al lugar para rescatar a sus seres queridos. Pasaban los días y muchos cuerpos iban apareciendo, otros tantos, el río no los devolvió jamás. Los cuerpos de adultos, jóvenes y niños eran depositados en lanchones y llevados hasta Saavedra. La escena era desgarradora, cientos de cuerpos ordenados en filas en el suelo del gimnasio daban cuenta de la magnitud de la tragedia. El Estado decretó duelo nacional, orden de investigar y reparar el daño a las víctimas. Las investigaciones fueron confusas y la reparación a las víctimas jamás llegó.
Los medios de la época informan de 300 muertos, los registros no son certeros ya que en Carahue no existía una oficina de Capitanía que supervisara y registrara los viajes.
En el ex Registro Civil de Nehuentúe se registraron 82 muertos, la mayoría jóvenes y niños, otras listas se registraron en Saavedra.


