El pasado 10 de marzo se cumplieron 69 años del fatídico accidente del Vapor Helvetia de Carahue, el que en el año 1948 cobró la vida de 43 personas y dejo 27 sobrevivientes, tragedia que enlutó a la comuna de Carahue y que forma parte de la historia e identidad local. En Carahue es tradición ya desde hace unos años por parte de los Hacedores de Arte recordar esta fecha, sin embargo debido al fallecimiento de su precursora y hacedora de arte, la Sra, Naisa Salazar Rodríguez, los artistas locales guardaron silencio este año en un acto de luto.

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A través del proyecto denominado “INTERCAMBIO DE SISTEMAS DE CONOCIMIENTOS TRADICIONALES VINCULADOS AL USO GASTRONÓMICO DE LA PAPA, EL HILADO Y EL TEJIDO” es que 200 mujeres en su gran mayoría de la comuna de Carahue, integrantes de talleres laborales, en conjunto con damas de Saavedra, Chol Chol y Nueva Imperial, realizaron un viaje de intercambio de conocimientos con mujeres del sur de Chile el pasado fin de semana .Las 200 mujeres realizaron una gira por Castro, Chonchi y Ancud, con el objetivo de establecer vínculos con integrantes de talleres de la Isla de Chiloé generando instancia de intercambio de prácticas culturales de cada zona.

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Por: Víctor Naín, Antropólogo / Texia San Martín Traipi, Arqueóloga ©
El proceso de colonización (corona española) y neo-colonización (Estado chileno) que afecto a la sociedad mapuche, llevo a una transformación en el ámbito político, social, cultural y espiritual. Sin embargo, las ceremonias sagradas (nguillatún), prácticas rituales (eluwün) y culturales que se realizan en torno a ciertos espacios sociales (eltún y nguillatuwe), llevan a confirmar su presencia vigente en la comunidad y en la memoria colectiva mapuche, reforzando lazos ancestrales entre familias o parientes, y al mismo tiempo fortalecer el vínculo con la divinidad (Ngenechen).

Por otro lado, los espacios y prácticas sagradas están expuestos a un constante proceso de deterioro debido a la presión económica de la población mapuche que sembraron sobre los eltún (causado por la escasez de tierras) y también debido a la presión urbana (construcciones como el parque Thiers sobre cementerios antiguos), conflictos con particulares o empresas (que desconocen la existencia de estos sitios –hidroeléctricas y forestales-), proyección de infraestructura pública (colocación de chemamül sin pertinencia histórico-cultural), lo cual resulta un impacto negativo en los espacios sagrados y los elementos simbólicos ancestrales.

En resumen,  el eluwün consiste en un rito funerario donde se evalúa la existencia de la persona (si ha cumplido su rol social y las normas ancestrales) y se acompaña en el viaje trascendente del difunto. El espacio sagrado del eltún o cementerio mapuche, en la actualidad, está constituido por dos tipos (se diferencian por su uso y no uso), el antiguo o tradicional (en situación de deterioro) y el contemporáneo o moderno (fortalecido por la institucionalidad winka, bajo el rotulo de cementerio indígena).

A grandes rasgos los chemamüll (gente de madera) es una escultura que también ha ido cambiando su patrón estético. Antiguamente sus referentes simbólicos se inspiraban en los pewma (sueños), perrimontü (visiones) y aspectos más espirituales (concepción de la vida-muerte). En la actualidad su uso y significado también ha ido cambiando, y su definición corresponde a una escultura con forma humana (antropomórfica). Estás esculturas “mágico-culturales”, según la tradición,  están ubicadas verticalmente en el suelo “mirando al sol naciente” o tripawe antü. Con ocasión del Nguillatún estás esculturas se denominan Kemu Kemu (Chemamüll escalonado) y se adornan con Foye (canelo), Triwe (laurel) y banderas. La madera utilizada preferentemente es el pelliñ (un  estado de la madera) y por lo general tienen como alto 1, 40 mts a 4,00 mts.

  Pascual Coña entrega  importantes antecedentes que vinculan al chemamüll con rituales y contextos funerarios asociados al entierro tradicional de un longko en el siglo XIX. “Habían hecho ya lo que llaman cruz, aunque no es cruz, sino solamente un palo en forma humana. Labran un grueso y duro trozo, esculpen la cara, la boca, las narices, los ojos, las orejas y los brazos: una figura del difunto. Al costado del palo labrado  encajan un gran cuchillo, lo que quiere decir que este hombre era conocido como bravo y maloquero”.

Terminada la estatua del finado, la habían colocado junto con una banderita blanca fuera de la casa como señal de que había un muerto adentro.

Para la celebración del velorio llevan también ese palo tallado y la bandera y los asientan allá en la pampa a la cabecera de la canoa o ataúd” (Moesbach, 1930:405).-